Según comentábamos en el capítulo anterior, la Síndone parece estar aún en poder de Balduino II en 1247, pero, sin embargo, en 1261, ya no lo está. Parece razonable suponer que durante esos años, ha ocurrido algo que ha obligado al ¿feliz? poseedor de la reliquia a deshacerse de ella, o por el contrario, la ha perdido, o le ha sido sustraída. Ha ciencia cierta, nada se sabe, pues aunque circulan múltiples leyendas, no se conserva ningún documento histórico fiable que respalde ninguna de ellas.
Esto ha hecho que los investigadores hayan formulado una serie de teorías con las que pretenden rellenar ese vacío de datos históricos. De entre todas las teorías mencionadas, la mayoría han sido desechadas por unos motivos o por otros, prevaleciendo en la actualidad las tres siguientes:
Hipótesis Templaria de Ian |
Wilson |
Hipótesis de Besançon |
Hipótesis de Esmirna |
Cada una de las cuales, tiene sus partidarios y sus detractores, y aunque la más plausible, además de parecernos la más interesante, es la Hipótesis Templaria del Historiador Ian Wilson, la hipótesis de Esmirna no ha terminado de ser desechada, aunque al final tampoco importa mucho, pues la Orden del Temple acaba siendo depositaria de la reliquia, aunque por otro mecanismo, oscuro, y no suficientemente acreditado.
HIPOTESIS DE BESANÇON
La hipótesis de Besançon ha caído en descrédito con el paso de los años, aunque no ha sido totalmente desestimada por los investigadores, de modo que, precisamente por ser la que menos probabilidades tiene de ser la correcta, es la que desarrollaremos en primer lugar.
El autor de esta hipótesis es, como no podía ser de otra manera, el francés Dom Chamard, quien mantiene que uno de los líderes militares de la IV Cruzada, llamado Othon de la Roche, tras la toma de Constantinopla en el año 1204, se instaló en el ala del Palacio de Blaquernes que contenía en su perímetro el Monasterio de Santa María, impidiendo, o al menos, minimizando los efectos del saqueo, a cambio de apropiarse, entre otras cosas, de la reliquia, que remitiría en el año 1206 a su padre, en Francia, llamado Ponce de la Roche, quien a su vez, la regalaría en el año 1208 a Amédée de Tramelay, quien la trasladaría a la Catedral de San Esteban de Besançon. Ciudad de la que toma nombre la hipótesis que nos ocupa.
Allí permanecería la reliquia, siempre según Dom Chamard hasta que casi siglo y medio después, durante una noche de tormenta del año 1349, un rayo caería sobre la catedral, provocando un incendio que la destruiría prácticamente. De entre sus escombros, nadie pudo rescatar porción alguna de la reliquia, ni del estuche que la contenía, por lo que cabe la posibilidad de que alguien la rescatase para esconderla a continuación.
Lo cierto y verdad, es que la reliquia auténtica presenta unas quemaduras en el tejido distintas de las que sufrió en el incendio de Chambery en 1532, quemaduras que los defensores de esta teoría atribuyen al incendio de Besançon. Sin embargo, Ian Wilson las atribuye a la aplicación de un hierro candente, como veremos en su momento.
Prosiguiendo con el contenido de la hipótesis, una vez ¿rescatada? la reliquia, por los motivos que fuesen, sea por remordimiento, o por intereses partidistas, el lienzo sería ofrecido a Felipe VI de Valois, aunque antes, se hizo una copia de forma precipitada, copia que sería escondida en un olvidado rincón de la catedral restaurada, y que sería redescubierta hacia 1523, casi dos siglos más tarde, cuando unos canónigos dan con ella, y la exponen al culto.
Lo que si es un hecho es que el año del incendio de Besançon, es decir, en 1349, la reliquia original ya debía estar en poder de Godofredo de Charny, puesto que cae prisionero de los ingleses en Calais en la noche del 31 de Diciembre de 1349 al 1 de Enero de 1350, y no fue rescatado hasta julio de 1351, muriendo el rey Felipe durante el cautiverio en 1351, por lo que si se confirma la teoría de que fue este quien se la regaló, evidentemente, tuvo que ser antes de su captura.
Esta hipótesis se apoya en algunos documentos históricos, aunque M. Gazier, a la sazón conservador de la biblioteca de Besançon, discrepa sobre esta posibilidad, y de hecho, escribió el día 24 de diciembre de 1932 al doctor Vignon una nota en los siguientes términos: “si una reliquia de tal categoría hubiera existido en Besançon durante el siglo XIII, ¿Cómo se explicaría el silencio de todos los inventarios cuando mencionan con insistencia el brazo de San Esteban, lo mismo que las reliquias de San Epifanio y de otros santos conservadas en la catedral? ¿Cómo se explicaría igualmente el hecho de que no haya habido jamás cuestión, antes de 1523, de un sudario de Cristo en las deliberaciones de nuestros capitulares?”.
Por otra parte, el Padre Jules Gauthier, archivero de Besançon, el día 15 de marzo de 1883, durante una conferencia en la Académie des Sciences, Belles Lettres et Ars de Besançon, de la que era miembro activo, mencionó textualmente: “solamente que la primera mención del santo sudario encontrada en la serie tan completa de los registros del capitulo metropolitano (de Besançon) lo presentan expresamente como un objeto para ser mostrado al pueblo durante la celebración del Misterio de la Resurrección, cuya representación se restableció en San Esteban (la catedral de Besançon) después de un tiempo de abandono”.
En resumen, el Padre de Gail, concluye que había existido en Besançon durante el siglo XIII un paño, de tal tamaño que podía ser manejado por una sola persona, luego difícilmente podía medir más de metro y medio por metro y medio, que era usado en la representación del Misterio Pascual, en la que era mostrada al público llevada entre sus manos, mientras otro penitente portaba un vaso con perfumes. Algún testigo presencial de la época describió: “he visto ángeles que la han testificado (la resurrección) he visto el sudario y los lienzos”. Según parece, dicho lienzo no presentaba imagen ni pintura alguna, es decir, que era una tela ordinaria usada con fines meramente simbólicos.
Con el tiempo, dejó de representarse el Misterio Pascual, pero hacia 1523 se intenta reemprender, apareciendo en escena un lienzo pintado que no sería otra cosa que una copia del lienzo de Chambery, pero que con el devenir del tiempo, se le profesó tal veneración popular, que poco a poco, pasó de ser una simple pintura a ser la auténtica reliquia pasional.
Otro interesante documento que, este si, respalda la Hipótesis de Besançon, es la copia de una carta, destinada al papa Inocencio III, y fechada en Roma el día 1 de agosto de 1205 y firmada por Teodoro Angel-Comneno, hermano del primer déspota de Épiro, Miguel, y nietos ambos de Isaac II Angel-Comneno, emperador de Bizancio cuando la ciudad fue saqueada por los cruzados. En dicha carta, tras lamentar el saqueo de la ciudad de Constantinopla en abril del año anterior, pide al papa encarecidamente que intervenga para que se les devuelvan las reliquias robadas, aunque a cambio, los saqueadores conserven los tesoros de oro, plata y marfil. Según afirma, algunas de las reliquias robadas se conservan en Venecia, otras en Francia, y algunas otras, dispersas donde las llevaran los saqueadores, “pero la más sagrada entre ellas, es decir, la Santa Sábana con que fue envuelto, después de muerto y antes de la resurrección, nuestro Señor Jesucristo…se conserva en Atenas” de donde era duque Othon de la Roche, uno de los jefes cruzados. Sin embargo, no debemos olvidar que quien escribió esta carta, no ha visto el lienzo en Atenas, sino que juzga a partir del testimonio de terceras personas, que muy probablemente, nunca vieron la reliquia original, por lo que difícilmente podían distinguirla de una reproducción.
El texto original de esta carta, formaba parte del “Chartularium culisanense”, es decir, el código diplomático de la Orden Constantiniana Angélica Originaria, bajo el título de Santa Sabiduría o de Santa Sofía, constituida el día 22 de junio de 1290 en Giannina por el déspota de Épiro, Nicéforo I Angel-Comneno. Dicho Chartularium fue accidentalmente destruido durante el año 1943, en plena II Guerra Mundial.
Otros investigadores aducen que en la época de Felipe VI de Valois, Godofredo de Charny aún no había llegado a ser el prestigioso militar que llegara a ser “Caballero de la Estrella” y “Portaoriflama de Francia”, todo ello durante los tiempos de Juan en Bueno. Por lo que no parece razonable que el rey donase tan generosamente la valiosísima reliquia a un poco menos que perfecto desconocido Godofredo.
Tampoco parece razonable que los canónigos de Besançon mantuviesen escondida la reliquia durante más de siglo y medio sin razón alguna, pues si de algo se preciaban los cruzados a su vuelta de oriente, era de las reliquias que traían como botín, lo que en aquella época se consideraba legitimo, es decir, que aunque procediesen de un latrocinio, su adquisición se consideraba legítima, por lo que las exponían sin recato alguno en las iglesias.
Por otra parte, no es concebible que los ciudadanos de Besançon no reclamasen la reliquia que se exhibía en Lirey, a la sazón, población muy cercana, en el caso de que fuese este mismo lienzo el que desapareció durante el incendio de la catedral de Besançon de 1349, para “reaparecer” en Lirey en 1356. Luego evidentemente, no se trataba de la misma reliquia, previamente sustraída en Besançon. Lo que se ve confirmado por los testimonios, y esta vez sí que son testigos presenciales, que sitúan la reliquia en Constantinopla en los años 1207, 1215 y 1247, peregrinos ilustres perfectamente conocidos, que tras su regreso a sus feudos de origen, relataron por escrito las maravillas de que fueron testigos, dichos documentos, han podido llegar hasta nuestros días, luego La Síndone de Turín no podía estar en Atenas en las mismas fechas.
HIPOTESIS DE ESMIRNA
Continuaremos con la hipótesis de Esmirna, que a pesar de contar con más credibilidad que la de Besaron, está lejos de ser aceptada por la mayoría de los investigadores, por los motivos que iremos desgranando a continuación.
Esta hipótesis la propone el Padre de Gail, anteriormente mencionado, en su obra titulada Histoire Religieuse, para ello, se basa en los hechos ocurridos durante la llamada Cruzada del Delfín, al ir comandada por el Delfín, Humberto II de Viennois, dirigida con los turcos de Asia Menor que hostigaban a las poblaciones cristianas allí establecidas.
El Padre de Gail, opinaba de Humberto, y citamos textualmente “era un hombre veleidoso, enormemente vanidoso, amigo del fausto y de títulos ilusorios, indeciso y desprovisto del sentido de la realidad; tan incapaz de gobernar sus estados como de conducir un ejército”, por tal motivo, considera que los auténticos promotores de la expedición de castigo contra los turcos eran el mariscal Boucicaut, Philippe de Mézièrs y Godofredo de Charny.
Lo que si sabemos es que la escuadra expedicionaria salió de puerto en Marsella el día 2 de septiembre de 1345, para invernar en Negroponto (Eubea), a la altura de Esmirna, y que la única acción militar que protagonizó, ocurrió alrededor del día 24 de junio de 1346 en las inmediaciones de Esmirna, a la sazón, plaza fuerte sobre la costa más occidental de Anatolia, gobernada desde tres años antes por la Orden de los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén o Sanjuanistas, también llamados Caballeros de Rodas desde que conquistasen dicha isla a los bizantinos en el año 1308. El caso es que los Hospitalarios recibieron esta posesión, junto con otras, cuando la Orden del Temple fue, como todos sabemos, disuelta en 1314 por Clemente V.
Según los cronistas de la época, el combate fue sangriento e indeciso, con resultados negativos. A pesar de todo, el Padre de Gail considera que Godofredo pudo hacerse con la Síndone, que presupone en poder de los Hospitalarios, como recompensa por algún servicio militar trascendental, lo que, y siempre en opinión del Padre de Gail, pudo ocurrir en Esmirna, aunque también pudo ser en Chipre o en Rodas. Esto justificaría que en las ocasiones en que se inquiere a Godofredo sobre el origen de la reliquia, se refiriese a ella de una forma críptica, y sin dar una respuesta contundente y definitiva, en ocasiones la llama “un don gracioso”, otras un “botín de guerra alcanzado en una expedición militar”, y en otras “una conquista hecha en la guerra contra los infieles”.
Lo que sí parece probado es que Godofredo volvió a Francia poco después de la batalla de Esmirna, bien descorazonado por la triste situación militar que allí se daba, o bien porque la reliquia incautada “le quemaba en las manos” y deseaba ocultarla lo antes posible. Lo cierto y verdad, es que a principios de agosto de 1346, Godofredo se encuentra en el sitio de Aiguillon, sito a 50 kilómetros de Agen, según menciona Pierre de Guibours, también llamado “El Padre Anselmo”, aunque un mes antes, Philippe de Mézièrs menciona a Godofredo de Charny como uno de los vencedores de los turcos en la batalla de Esmirna el día 24 de junio de 1346. Entre estas dos fechas, ha pasado tiempo suficiente para que Godofredo viajase desde Asia Menor a Francia.
Los acontecimientos relatados anteriormente, podrían explicar, siquiera sea parcialmente, el hecho probado de que la Síndone no se mostrase públicamente en Lirey hasta el año 1356, o como máximo, en 1355, casualmente, el año en que falleció el singular Arzobispo de Reims, Humberto II de Viennois conocido como “el Delfín”, y que como hemos visto había sido quien mandase la Cruzada.
Lo que sí sabemos es que Humberto II de Viennois, durante su regreso de Oriente Medio, sufrió un asalto a la altura de Chios, protagonizado por una flota de origen genovés, durante la batalla naval, perdió sus flota y pertrechos militares, viéndose obligado a refugiarse “in extremis” en Rodas, desde donde llegó a sus estados, conocidos como “El Delfinado”durante el otoño de 1347.
Afligido tras el fallecimiento de su esposa, y de su único hijo, ocurridos durante la expedición, enfermo y económicamente arruinado, dio licencia a sus tropas, y vendió sus estados al rey de Francia, Felipe VI de Valois, con la condición de que, en lo sucesivo, el heredero al trono francés debía llevar el título de “Delfín”, dicho título, en origen, pertenecía a los príncipes del Viennois, quienes portaban en la cimera de su yelmo, o en su escudo, la imagen de un delfín como emblema.
Por lo que sabemos, durante el año 1349, Humberto entró en la orden de Santo Domingo, en Lyón, y sin obedecer a mayores méritos por su parte, sería nombrado sucesivamente Patriarca de Alejandría en 1351, y posteriormente, Arzobispo de Reims en 1352, para fallecer el día 22 de mayo de 1355 en Clermont, durante un viaje con destino a Avignon, hacia donde se dirigía con la intención de solicitar al Papa el Arzobispado de París.
Lo cierto y verdad es que la reliquia aparece en manos de Godofredo de Charny, ya sea como consecuencia de rivalidades por la posesión de la Síndone entre los jefes militares de la que pudo aprovecharse Godofredo, ya por temor a que el ambicioso jefe de Godofredo reivindicase su propiedad, una vez en su poder, vuelve a Lirey rápidamente, y aunque no logra mantener en secreto la posesión del lienzo, si guarda un discreto silencio sobre su origen. Discreción que mantendría su familia a su muerte, y todo ello a pesar de que ya había fallecido Humberto II de Viennois, único que podía reclamarla, de ser cierta esta hipótesis.
Sin embargo, se mantiene una incógnita de difícil solución, ¿por qué los Hospitalarios se habrían desprendido con tanta facilidad de una reliquia tan significativa? Tampoco se justifica de forma suficiente como llegó la reliquia a manos de los Hospitalarios, pues cuando llegó la Cruzada a Esmirna, hacía tan sólo tres años que era gobernada por los Hospitalarios, tras arrebatársela a los turcos en 1343. La única posibilidad razonable es que la Síndone, por motivos que desconocemos, hubiese caído en poder de los turcos cuando conquistaron Esmirna, y en contra de su práctica habitual, la conservasen intacta, en vez de destruirla, hasta que los Hospitalarios reconquistasen la ciudad y rescatasen la reliquia.
Por otra parte, sabemos que Godofredo, eleva al Papa la primera petición para construir la Colegiata de Lirey el día 16 de abril de 1349, y parece ser que en esa época aún no poseía la Síndone. Sin embargo, el día 30 de enero de 1354 eleva una segunda petición, y muy probablemente la reliquia ya estaba en su poder, cuando la expedición a Oriente Medio tuvo lugar entre septiembre de 1345 y junio de 1346, fechas anteriores a la de la primera petición elevada al Papa. Es decir, según parece, la reliquia fue obtenida con posterioridad a lo que mantiene esta hipótesis.
Y finalmente, parece inverosímil que los propietarios de la Síndone, es decir, la Orden del Temple, cuando trasladó sus tesoros desde Chipre hasta Francia en el año 1307, no lo hiciese también con la reliquia más venerada de todas, la Síndone de Turín. Es decir, que no sólo, no explica como pudo llegar la reliquia a manos de la Orden del Temple, sino que además, tampoco explica como puedo perderla, aunque eso sí, vincula a la Orden con esta enrevesada trama.
La hipótesis templaria de Ian Wilson parece la más aceptada en la actualidad, aunque también tiene sus detractores, y será la que desarrollaremos en el próximo capítulo.
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