Volver

LAS ORDENES MILITARES

SEGUNDA PARTE

1 | 2 | 3

Por Rafael Abel Díaz Balaguer

 

V - EL PATRIMONIO DE LAS ORDENES MILITARES. FUENTES DE INGRESOS

 

Por regla general, los dominios de las órdenes tanto las nacidas en Tierra Santa como de las más importantes entre las hispánicas, constituían territorios extensísimos y con un extraordinario poder rentista. Se ha calculado que las encomiendas de la Orden del Temple llegaron a alcanzar un número total de 9.000 aproximadamente. La Orden de Santiago gobernaba a finales del siglo XV un territorio de unos 23.000 Km2, integrado por más de 200 localidades, poblado por cerca de 200.000 personas y cuyas rentas totales podían ascender a 30 millones de maravedíes.

La riqueza de la Orden de Calatrava se estimaba en más de 350 posesiones entre villas y lugares donde vivían más de 200.000 personas. Sus iglesias eran 90 y sus encomiendas llegaban a 130 que producían anualmente más de 4 millones de reales.

En lo que se refiere a la de Alcantrara, poseía 35 encomiendas, con 53 villas y aldeas, dos conventos de comendadores y un colegio en Salamanca.

Evidentemente un patrimonio de estas características no se improvisaba, ¿De donde salían los ingentes medios necesarios para levantar y mantener tan magnas infraestructuras? ¿Cuáles fueron los factores que conformaron el vasto patrimonio de las órdenes militares?.


Una primera respuesta a estas cuestiones podemos hallarla en la entusiasta y generosa acogida que dispensaron a las órdenes militares los gobernantes más poderosos de Occidente.

Por la propia dinámica de la actividad militar, en recompensa a sus éxitos militares recibieron de los reyes numerosos dominios, y por la mentalidad devocional de la época, inclinada a la limosna privada y a las donaciones, las órdenes acabaron a lo largo del período medieval acumulando un inmenso patrimonio.

Por supuesto, esta generosidad e interés que monarcas y nobles mostraron a favor de las órdenes militares formaba parte del espíritu de cruzada que dominaba el ambiente ideológico de la época. Es así como muchos nobles que decidían aventurarse en la empresa cruzada, bien luchando contra los moros en la Península Ibérica o haciendo el "pasaje" a Jerusalén contra el turco, solían hipotecar sus bienes a las órdenes militares antes de partir o bien prometían legárselos si encontraban la gloriosa muerte en ella.

La donación de castillos, palacios o casas suponía también la de las tierras que solían llevar anejas, junto a la población dependiente sí la había. Otras veces la donación consistía en una renta periódica, que podía ser monetaria o en especie, o una parte de un botín obtenido o por obtener.

En otras ocasiones se trataba de la cesión de un derecho, por ejemplo, el cobro de los peajes en los puentes, o del uso de molinos, hornos y otros recursos productivos de carácter colectivo. Otra vía de donación proveniente de estos grupos sociales privilegiados era la cesión de la dote de quienes decidían profesar en un monasterio.

Para abandonar el siglo debían despojarse de una buena parte, al menos, de los bienes que el siglo les había dado.

Pero las cesiones en vida o post-morten no eran una vía que partiera únicamente de la minoría privilegiada, sino que hallaba ramales en todo el espectro social descendente, hasta su misma base. La inseguridad de los tiempos y la excesiva carga tributaria eran dos estímulos lo suficientemente importantes para que algunos campesinos, artesanos, pequeños comerciantes y, en general, las clases más modestas, hallaron en las órdenes militares un medio apropiado para poner a salvo de contingencias adversas sus escasos bienes y sus personas.

Por otra parte, los propios designios de los papas que no dejaron de utilizar a las órdenes como instrumento de su expansivo y militante reformismo y que, favoreciéndolas, pretendieron desvincularlas de un excesivo control episcopal, muy mediatizado este último por el poder político de los reyes

Fueron muchos los mecanismos utilizados por los papas para estrechar los vínculos de dependencia que hacia ellos tenían las órdenes militares en detrimento de las jurisdicciones intermedias de rango episcopal, el principal fue otorgarles la exención de diezmos eclesiásticos en las mismas condiciones que la disfrutaban cistercienses y otras órdenes monásticas. Era un duro golpe a la fiscalidad ordinariamente controlada por los obispos, y una importante fuente de ingresos para los freires cuyos diezmos, transferidos a las autoridades religiosas de las propias órdenes, acaban no saliendo de ellas.

 


 

1 | 2 | 3