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LAS ORDENES MILITARES PRIMERA PARTE |
Por Rafael Abel Díaz Balaguer |
III - ESTRUCTURA ORGANIZATIVA
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Los caballeros de estas órdenes eran efecto monjes, al haber profesado los votos (pobreza, castidad y obediencia), organizando su vida de acuerdo con una regla (por lo general la benedictina) y depender directamente del Papa. Pero al mismo tiempo eran "milites", al ejercer el oficio de las armas y estar motivados por el ideal de cruzada. Generalmente se distinguían tres clases de miembros de estas agrupaciones, según predominase un elemento ideológico y otro. Los hermanos eclesiásticos eran simplemente monjes, encargados de la misión y el apostolado, los caballeros monopolizaban la función militar y los hermanos sirvientes se dedicaban a tareas hospitalarias y domésticas. Institucionalmente hablando las órdenes militares estaban dirigidas por un gran maestre, cuyos poderes resultaban muy superiores a los del capítulo general, si bien en ocasiones se buscaba el apoyo de un consejo restringido, fiscalizados del maestre. Casas, propiedades y rentas se dividían en provincias, agrupaciones de prioratos a su vez integrados por encomiendas. A las órdenes de los priores estaban los comendadores o bailes, representantes de la orden a nivel local y regional. Al maestre corresponde, en efecto, el gobierno supremo y la representación última de la orden. Su título, de evidentes resonancias clásicas - los magistri equitum y los magistri peditum - eran los responsables de la milicia eclesiástica, acorde con la vocación expansiva del momento. Sus competencias - las mismas que tenía un abad respecto a su comunidad - abarcaban prácticamente todas las actividades imaginables, aunque cabe subrayar tres aspectos fundamentales: -Son responsables, en primer lugar, de la recepción de cuantos freires caballeros ingresaban en el convento: de ellos recibían solemne profesión religiosa y el juramento de fidelidad, y a ellos conferían el hábito y equipo militar, responsabilizándose en lo sucesivo de su mantenimiento, de forma directa en el convento o indirecta a través de la entrega de una encomienda. - En segundo lugar, al maestre correspondía velar por la disciplina de la vida conventual, garantizar el cumplimiento de las reglas y, en último término, aplicar a los freires las penas y correcciones de que fueran merecedores. - En tercer lugar, el maestre era el máximo responsable de la integridad del patrimonio de la orden, le correspondía gestionar adecuadamente sus recursos y procurar el mantenimiento de sus instalaciones. Por su parte, al capítulo en su versión general - teórica agrupación de todos los miembros de la comunidad - le correspondía, en primer lugar, la elección del maestre. Esta podía verificarse de manera directa, pero lo más frecuente es que el procedimiento de elección fuera indirecto: los templarios y hospitalarios, al menos hasta el año 1300, utilizaron comisiones electoras compuestas por trece miembros, que también encontramos entre alcantarinos y santiaguistas, aunque los trece santiaguistas no se disolvían tras la elección sino que constituían un permanente consejo en torno a la figura del maestre. El capítulo debía ser, por otra parte, el solemne escenario de las profesiones de los nuevos freires, le correspondía velar, junto con el maestre, por la disciplina conventual, y supervisaba y controlaba la gestión económica llevada a cabo por él. Por lo demás, no es el maestre la única dignidad personal, diferenciada de la corporación capitular. Las órdenes nacidas en Tierra Santa contaban con senescales - segunda dignidad tras el maestre - y mariscales que tenían amplias competencias en materia militar. Algunas de sus funciones las asumían los comendadores mayores en las órdenes hispánicas. También había freires que se responsabilizaban de tareas específicas en relación a la administración del tesoro conventual o a la gestión y administración de bienes que servían para el mantenimiento del resto de los miembros de la orden. Sirva de ejemplo la figura del clavero de las órdenes hispánicas cistercienses que, además de guardar la sede del convento central, compartía con el maestre la responsabilidad de proveer a sus miembros de cuantos bienes necesitasen. No debemos olvidar tampoco que una parte significativa de la comunidad conventual de cada orden la formaban los freires clérigos. Estos dependían directamente del capítulo a través de los priores conventuales, cuyo nombramiento no era competencia del maestre. En casi todas las órdenes eran los propios freires clérigos los que los elegían, pero en las de obediencia cisterciense el nombramiento era directamente efectuado por el abad de Morimond. De este modo, los freires clérigos, que hacían su profesión en la persona del prior, constituían un segmento. |
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