Fotografía del autor

Es un manuscrito datado en el 19 de junio de 960.Biblia completa de 515 folios de pergamino, en dos columnas y 51 líneas, con unas dimensiones de 485 x 345 x 170 mm.

Se encuentra en el monasterio de San Isidoro de León.

Sus autores, el miniaturista Florencio y el calígrafo Sancho.

Se calcula que debieron ser sacrificadas 171 reses entre ovejas y algún carnero.

De Sancho poco o nada se sabe, pero de Florencio sabemos que dejó al menos seis códices y siete cartas de donación que redactó como notario de los Condes de Castilla, fue un gran artista seducido por lo oriental y lo exótico.

Copió Florencio sus códices en el monasterio de Valeránica, a orillas del río Arlanza cerca del hoy llamado Tordómar caserío de la provincia de Burgos, muy cerca de Lerma.

El monasterio de Valeránica desapareció en el siglo X, no se sabe cuando ni como llegó el códice al monasterio de San Isidoro de León pero es de suponer que lo donarían los reyes leoneses Fernando I (1) y su esposa Sancha antes Condes de Castilla.

Es un maravilloso manuscrito medieval, además de una joya caligráfica. Su letra es minúscula del tipo visigótico-mozárabe. Entre sus textos podemos ver miniaturas que nos muestran pinceladas de la vida social del siglo X en la España cristiana, así como templos, palacios, vestimentas para la guerra y civiles.

En esta Biblia se encuentran mas de cien historias bíblicas y muchísimas letras iniciales. En cuanto a las escenas bíblicas dibujadas, será suficiente transcribir las palabras de una autoridad en achaques de miniaturas, como es la de Domínguez Bordona: <<En realidad -escribe Bordona- la única Bíblia Mozárabe propiamente his historiada es que al que se conserva en la colegiata de San Isidoro de León, firmada por Sancho y Florencio en el año 960>>.

Fotografía del autor

Florencio en este códice fusiona elementos procedentes del arte sasánida, visigótico e islámico, mezclándolos con pinceladas de la cultura carolingia.

Sus imágenes de pupilas dilatadas dentro de grandes globos oculares blancos, manos grandes, dedos alargados y gesticulantes conforman unos personajes que dialogan y se expresan dentro de un cromatismo sugerente.

Los brazos, manos y dedos se alargan hasta la desproporción con el fin de dar expresividad y fuerza visual.

Las imágenes miniadas son de trazo firme y líneas muy marcadas, incluso en ocasiones se utiliza solamente una línea de contorno y no se aplica color.

El color que más fuerza tiene es el amarillo que junto al rojo resaltan las imágenes más importantes.

Las figuras humanas se estilizan y esquematizan quitándoles aproximación a la realidad, para de este modo mostrar su espiritualidad.

Algo parecido sucede con las armas. Estas son estilizadas, mas bien son dibujos conceptuales y rara vez se detallan motivos ornamentales o características específicas.

Fotografía del autor

Hoy nos puede servir de curiosidad pero Sancho y Florencio en la última página de la Biblia se retrataron con copa en mano, brindando Florencio con su condiscípulo predilecto Sancho, porque llegaron al final sin irreparables quebrantos personales. Como escribió en más de un colofón, <<tan feliz es para el amanuense el último renglón de su códice, como para el navegante el puerto final de la travesía>>.

Florentius confesor, el que aparece debajo del primer círculo de la OMEGA, y Sanctius presbiter , el del segundo. Ambos levantan su copa con la mano derecha y brindan por la llegada a final sin mayores contratiempos. Florencio en su brindis invita a su <<querido y predilecto Sancho presbítero a bendecir al Rey del Cielo que nos permitió llegar incólumes al término de este libro>>. Sancho responde en el suyo: <<Y yo te acompaño, maestro, bendiciendo a Nuestro Señor Jesucristo por los siglos de los siglos, para que nos conduzca al Reino de los cielos>>.

Fotografía del autor

Estas palabras nos hacen reflexionar en las penalidades que estas personas pasaban hasta la finalización y colofón de estos manuscritos.

Inviernos de tierras burgalesas donde hasta la tinta se helaba, escriptorium sin calefacción, pupitres de la más dura madera donde la espalda se quería partir y los dedos de las manos caer, ojos cansados por horas de trabajo con poca luz, alma contenta y gozosa por estar haciendo un trabajo para el Señor.

Hombres envidiables con voluntad férrea y temerosa de Dios, cuya única recompensa era ver terminado su trabajo y la esperanza de tener un poco más ganado el cielo. 

(1)  Fernando I de León y Castilla, apodado "El Grande" (1016 - 27 de diciembre de 1065), primer rey de Castilla; coronándose en febrero de 1035. También fue rey de León desde el año 1037 hasta su muerte en la capital del reino leonés en 1065.

Era hijo de Sancho Garcés III de Navarra, llamado Sancho "El Mayor", rey de Navarra, y de Doña Muniadona, hermana de García Sánchez, conde de Castilla. De su padre heredó el condado de Castilla, convertido en reino (al igual que ocurrió con su hermano Ramiro, que heredó Aragón, hasta entonces condado).

Por su matrimonio con la infanta leonesa Doña Sancha, hermana del rey de León, Bermudo III, ésta aportó como dote las tierras comprendidas entre los ríos Cea y Pisuerga, que fueron incorporadas al nuevo reino de Castilla. En 1037, el rey leonés reclamó dichas tierras, lo que produjo el enfrentamiento entre ambos reyes y cuñados, dilucidándose en la batalla de Tamarón (en la actual provincia de Burgos) con la victoria del rey castellano y la muerte en combate de Bermudo III de León. La corona leonesa recayó así en Fernando

Esos queridos olvidados
Codex Bíblicus Legionensis
 

CODEX BÍBLICUS LEGIONENSIS

Biblia Visigótico-Mozárabe de la Real Colegiata de San Isidoro de León (año 960)

 

Por Celestino Conesa García