Por D. Rodolfo Castillo

     
         

-Muy arraigada en el Edad Media estaba la costumbre entre la nobleza de elegir el nombre para el hijo recién nacido por el procedimiento de encender doce grandes cirios y asignarle a cada uno el nombre de uno de los doce apóstoles. El que se apagara el último sería el nombre elegido. María de Montpellier  eligió así el nombre a su hijo y futuro rey Jaime I (el último cirio fue el de Santiago).

-Alessandro della Spina era un fraile de la ciudad de Pisa al quien se le atribuye la invención de las gafas a finales del siglo XIII. Estos "roidi da ogli" (discos para los ojos), tan habituales en nuestros días, multiplicaron la vida laboral de los artesanos que elaboraban trabajos de precisión. El éxito de las gafas fue tan rotundo que durante muchas décadas el gremio de vidrieros de Venecia se enriqueció a base de controlar su fabricación.

- Antes de que el Rey Alfonso VI de Castilla sitiara la ciudad de Sevilla en 1078, su gobernante, un moro llamado Al-Mutamid, envió a Ibm-Ammar a retar al Rey Cristiano. Ibm-Ammar era un gran jugador de ajedrez y también el Rey Alfonso VI era un gran aficionado. Así, sobre el tablero se decidió el destino de Sevilla. El Rey castellano perdió la partida y se retiró sin librar batalla en el campo.

- Para adoptar niños en la Edad Media, se hacía pasar al niño por la manga de una camisa, hecha para la ocasión y muy ancha. Al salir el niño por el cuello de la camisa, se le besaba en la frente. Así, del riesgo que conlleva la adopción de un niño que luego podría traer problemas, proviene la expresión "Meterse en camisa de once varas". Por cierto, una vara son 835,9 mm.

- El actual apelativo de Pepe a los José tiene su origen en el medioevo cuando se puso de moda el término “pater putativus” para referirse a San José. De la contracción de este término –P.P.- nació nuestro famoso Pepe.

- En el siglo XIII, en Castilla existía una institución para defender el orden público: la Santa Hermandad, que alcanzó su apogeo durante el reinado de los Reyes Católicos. Éstos vestían un chaleco de piel que dejaba al descubierto las mangas de la camisa, que eran de color verde. Por eso se llamaban, además de cuadrilleros (iban de cuatro en cuatro), mangas verdes. Parece que este cuerpo fue eficaz en sus primeras épocas, pero que luego fue perdiendo efectividad y que nunca llegaba a tiempo al lugar donde había un crimen. De ahí provenía la expresión : ¡A buenas horas, mangas verdes!.