Hacia el año 476 d.C., los pueblos germanos, llamados por los romanos "bárbaros", invadieron el imperio, debido a ello, las ciudades, con la cultura incluida, fueron arrasadas.
Los monjes, en el interior de sus monasterios, fueron quienes conservaron la cultura greco-romana al transcribir las obras de los autores clásicos en códices, libros, escritos a mano sobre distintos materiales y decorados con delicados dibujos.
Espléndidas obras, que caracterizan la escritura del medioevo, salieron de las plumas de aquellos monjes. La lengua utilizada era el latín y la letra, primero la uncial (mayúscula, cursiva) y la semiuncial, mas pequeña y redonda, para pasar después y en honor a Carlomagno a la llamada carola o carolingia, mas cómoda y rápida ya que era mas sencilla y resultaba mas atractiva, este fue debido a uno de los cambios que se produjeron mandados por Carlomagno, a la vista de los errores de transcripción y de interpretación que a veces se producían por las sucesivas copias.
Los primeros códices tenían como soporte el papiro, pero resultaba muy caro y frágil, por ello fue sustituido por el pergamino que permitía encuadernarlo y transportarlo así con mayor facilidad.
¿Qué es el papiro?, es el material que procedente de una especie de juntos que se dan principalmente en Egipto, Abisinia y Liria, en los alrededores del Nilo, se obtenía mediante un complejo proceso de fabricación.
En la caña o tallo del papiro se hacían unas hendiduras verticales y se extraían tiras largas y finas, denominadas "philyrae", las cuales se juntaban sobre una tabla, alineadas, de esta forma se obtenía un plano denominado "scheda". Sobre las primeras tiras se colocaban unas segundas, de forma transversal y el conjunto se prensaba hasta que quedaran adheridas ambas, consiguiendo así un elemento plano llamado "plagula". Uniendo varios de estos planos se obtenía un rollo o "scarpus", sobre el que se trabajaba.
El papiro fue sustituido por el pergamino. Según Plinio, el uso del pergamino se lo debemos al rey de Pérgamo, Eumenes II, quien ante la falta de papiros por no querérselos vender los faraones, tenían monopolizado su comercio, para evitar , entre otras cosas, que pudiera llegar a conseguir tener una biblioteca mayor a la de Alejandría, encontró esta alternativa.
El pergamino estaba construido a partir de la piel de los animales, cordero, ternera, carnero o cabra. Después de realizar un buen curtido se obtenía así el soporte perfecto para la escritura. Para obtener este soporte había que tratar la piel de la siguiente manera: la piel se lavaba con agua caliente, se sumergía en cal para que esta absorbiera los restos de grasa y se ponía a secar, bien tirante, para evitar arrugas, en bastidores de madera. Cuando estaba seca se raspaba con el fin de dejar la superficie completamente lisa.
Dependiendo de cómo se llevara a cabo el proceso se obtenían pergaminos de distintas calidades, el pergamino que tenía mayor calidad se le denominaba vitela, que consistía en utilizar la piel de animales muy jóvenes, muertos al nacer e incluso no natos.
Al encuadernar se tenía en cuenta que no hubiese mucha diferencia de coloración entre las superficies, ya que resultaban distintas las dos caras de la piel, la del pelo y la de la carne, por ello no se colocaban enfrentadas.
Con una piel se obtenían cuatro bifolios, unidades de cuatro páginas, que al superponerlas forman un cuaternion.
El pergamino fue sustituido por el papel, que ya era conocido por los chinos desde la antigüedad, los árabes lo aprendieron de ellos al conquistar el Turkestán, introduciendo después su fabricación en la península, estando la primera fábrica de papel establecida en Játiva, de España se extendió por Europa.
Dos son las obras que se consideran las primeras referencias del uso del papel en España, el "Breviarium gothicum seu mozarabicum", conservado en el Monasterio de Silos, del siglo XI y escrito sobre papel procedente de trapos que es muy espeso, y el "Vocabularium gothicum" atribuible igualmente al siglo XI, conservado en la Biblioteca Nacional de París.
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El uso del papel comienza en España durante el siglo XIII, principalmente en la redacción de documentos, parece ser que se introdujo, su uso, antes en el Reino de Aragón que en el de Castilla.
Los monjes eran muy escrupulosos a la hora de organizar los textos, cuidaban mucho la altura y anchura del códice, así como la proporción, el cuerpo del texto y los márgenes, para obtener un equilibrio perfecto.
La tinta era fabricada por los mismos copistas, utilizaban el color negro, púrpura, rojo y utilizaban para mezclar oro y plata, empleando vitriolo y ácido gálico para la mejor fijación de los colores. Para obtener la tinta negra se mezclaba agua con una parte de goma arábiga y tres de hollín, se dejaba secar y una vez solidificada tenía que ser diluida, en agua, para poder escribir. Las tintas de color se obtenían, la púrpura de las glándulas de un molusco y la roja se obtenía a partir del sulfato de mercurio y del minio, bióxido de plomo, del que procede el nombre de miniatura que así se llamó a las ilustraciones de los códices.
Para escribir utilizaban el cálamo de caña, que ya usaban los egipcios, pero fue sustituido por las plumas de ave (pelícano, cisne, urogallo, oca, pato, etc.), pero no servía cualquier pluma de las aves, se seleccionaban entre las cinco primeras plumas remeras y a poder ser del ala izquierda. Las preparaban sumergiéndolas en agua caliente durante varias horas y se secaban con aire caliente que a la vez las endurecía, para poder afilarlas después.
En la elaboración de los códices intervenían los copistas, el iluminador y el miniaturista, estos dos últimos tenían como misión ilustrar y decorar las distintas páginas del códice. Este trabajo tenía como objetivo visualizar lo escrito y guiar de alguna forma al lector, pues en aquella época eran escasas las personas ilustradas que sabían leer pues el analfabetismo era lo común de la sociedad. (a este trabajo se le llamó ESTORIAR).
La letra inicial y la ilustración servían para la localización de un pasaje o capítulo ya que, si observamos uno de estos códices, no estaban paginados.
Dependiendo de la creatividad del copista, el trabajo de la letra y la ilustración se realizaba de una manera mas o menos compleja. Los copistas se ubicaban en salas para copistas dentro del monasterio, llamándose estas salas "scriptorium".
Los copistas disponían, además de las plumas de otros utensilios, como eran: pinceles, escuadras, reglas, punzones y compases.
La encuadernación era un proceso que se llevaba a cabo al finalizar las ilustraciones. Para encuadernar se cosían las páginas y se encerraban en tapas de madera o de cuero, algunas veces repujado. A veces, y dependiendo de la importancia de la obra o de su destinatario, principalmente, se ponían en las tapas, herrajes de oro o de plata incluso con incrustaciones de piedras preciosas.
Con el paso del tiempo se fueron perfeccionando todas estas técnicas y se crearon obras espléndidas y de un gran valor, que si valoramos su aspecto crematístico tienen una gran importancia para el patrimonio y el prestigio de cada monasterio.
Durante muchos siglos la cultura era algo privativo de los monjes, pero hacia el siglo XIII salió fuera gracias a algunas órdenes religiosas que querían difundir el cristianismo, su doctrina, y al desarrollo de los oficios artesanales.
Se fundaron escuelas catedralícias y los códices pasaron de ser casi exclusivamente tratados de liturgias cristianas a ser manuales de derecho, medicina y literatura romance.
Se produjo poco a poco una cierta expansión de la cultura, al dejar de ser patrimonio de la iglesia, pero la gran expansión de la cultura se debe a la invención de la imprenta en el siglo XV, y la aparición de incunables, llamados así por convención todos los libros impresos antes del año 1.500.
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