El califato tuvo una evolución, en su existencia, que podríamos dividir en tres etapas, perfectamente diferenciadas:
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Una primera etapa de desarrollo y consolidación, promovida por el dominio efectivo de los califas, abarca desde el año 929 hasta el 976 y ocupa los califatos de Abd al-Rahman III y Al-Hakam II, bajo cuyos mandatos, el califato y Córdoba se convirtieron en los centros políticos, económicos y culturales mas importantes de occidente.
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Etapa Amirí, que va desde el año 976, aunque mas concretamente desde el 981, hasta el 1.009, ocupa el primer califato de Hisam II y se caracteriza porque el califa deja el poder efectivo en manos de los Banu Amir (Abu Amir Muhammad al-Mansur, 981-1.002, mas conocido por Almanzor, y sus dos hijos, Abd al-Malik al-Muzaffar, 1.002-1.008 y Abd al-Rahman Sanyul, 1.008-1.009, este último mas conocido como Sanchuelo. Durante esta etapa fue muy frecuente la guerra santa a yihad contra los reinos cristianos, sobre todo durante la etapa de Almanzor, que invadió frecuentemente los territorios del norte saqueando las tierras cristianas.
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Etapa de descomposición, fraccionamiento o Fitna del califato, que va desde el 1.009 hasta el 1.031, en esos veintidós años se sucedieron hasta catorce califas, algunos de ellos repitiendo y otros con un mandato que no duró ni un año, existió un llamado anticalifa, Abd Allahad al-Mu´ayti y dos dinastías, Omeyas, antes y después, y en medio la dinastía Hammudi
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Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que la ciudad de Córdoba fue durante el califato el "Faro de Europa", siendo el centro de la civilización hispanomusulmana, desempeñando un papel fundamental en las relaciones entre Oriente y Occidente, entre los mundos musulmán y cristiano, tanto espirituales como intelectuales, ejerciendo una gran influencia en el desarrollo filosófico europeo de la Edad Media.
Durante el califato, Córdoba, llegó a tener casi un millón de habitantes, mas del triple que en la actualidad, y unas cifras enloquecedoras para la época, por ejemplo, llegó a tener 3.000 mezquitas, de las cuales, 800 estaban en un arrabal denominado Saqunda. Tuvo hasta 600 baños públicos, lo cual nos puede dar una idea del refinamiento de la sociedad cordobesa, máxime si buscamos una comparación con la sociedad cristiana peninsular coetánea. Disponía de 1.600 establecimientos hoteleros, entre fondas y hospederías. Tenía alrededor de unos 4.000 establecimientos comerciales y tiendas.
La educación no estaba olvidada, pues en aquella época disponían de veinticinco escuelas públicas, debemos considerar que eran mayoría los cordobeses que sabían leer y escribir, contrariamente a lo que ocurría en la parte cristiana, donde, salvo el clero, eran prácticamente analfabetos.
El parque inmobiliario de viviendas y residencias era notable, pues existían unas 213.000 casa particulares, entre clase media y obrera y unas 60.300 residencias de aristócratas y de Oficiales.
La ciudad de Córdoba estaba amurallada, y el recinto protegido por las murallas ocupaba una superficie de 2.690 hectáreas. En obras públicas tampoco se quedaron atrás, pues Córdoba poseía un sistema de desagües, albañales y aguas corrientes que podríamos calificar de revolucionario para aquella época. Disponía de una red de alumbrado público y de un método de riego de toda la cercana vega del Guadalquivir, para ellos uadi al-kabir que significa río grande.
Capítulo aparte merece la arquitectura, aunque solo dos obras son suficientes para ensombrecer y anulas a todo el resto, nos referimos, lógicamente, a la mezquita de Córdoba y a la ciudad, ruinas, de Medinat al-Zahara, cada una de ellas por si mismas darían material de sobra para poder escribir varios libros y no vamos a extendernos con ellas, tan solo reflejar las palabras de nuestro rey Carlos I, Carlos V de Alemania, cuando después de haber dado permiso para hacer una catedral católica en el corazón de la Mezquita, al ver el resultado, dijo al Obispo Fray Juan de Toledo y a otros:
"Si yo hubiera sabido lo que era esto, no hubiera permitido que se llegase a lo antiguo: porque hacéis lo que hay en muchas otras partes, y habéis deshecho lo que era único en el mundo."
Los viernes al mediodía, cuando la afluencia de fieles era multitudinaria y no cabían en el interior, se desplegaba un enorme toldo en el Patio de las Abluciones, hoy llamado Patio de los Naranjos, para protegerlos del sol.
El medievalista francés Charles-Emmanuel Dufourcq dice:
"En ningún momento, ni Roma ni París, las dos ciudades mas pobladas del occidente cristiano, se acercaron al esplendor de Córdoba, el mayor núcleo urbano de Europa." En toda al-Ándalus llegaron a coexistir hasta setenta bibliotecas, la mayoría de ellas en la capital, Córdoba. Se dice que la biblioteca del califa cordobés Al-Hakam II llegó a contar con 400.000 tomos, siendo 44 de ellos el catálogo de los restantes.
En la Córdoba califal había muchísimos teólogos, gramáticos, retóricos, filólogos, historiadores, biógrafos, etc.
Dentro de la legión de "sabios" que vivió o pasó por las Córdobas del emirato y califal debemos mencionar a:
Ziryab, cuyo nombre era Abu al-Hasan Ibn Ali Ibn Nafi, poeta, literato, astrónomo, gourmet y sobre todo músico. Fundó una academia musical e introdujo en al-Ándalus el laud.
Ibn Firnás, creó en su casa lo que podríamos llamar el primer planetario del mundo, también creó un reloj de agua, llamado también clepsidra, introdujo el tallado del cristal, pero lo mas sorprendente fue su intento de volar, con un traje de seda al que había adherido plumas quiso emular a Ícaro, se lanzó desde la torre de la Rusaza de casi cien metros de altura y consiguió planear durante un buen trecho, hasta que tuvo un aterrizaje forzoso, sin consecuencias graves para él, se adelantó 650 años a Leonardo da Vinci.
Ibn Masarra, al cual podemos denominar el primer filósofo gnóstico andalusí, fue un defensor del monoteísmo abrahámico y el carácter del Uno divino, de sus numerosas obras sólo se han podido recuperar dos, El libro de la Explicación Perspicaz y el Libro de las letras. Ibn al-Qutiyya, historiador y filólogo, era descendiente de una sobrina del rey godo Witiza, su gran obra es "Historia de al-Ándalus", cuyo manuscrito se encuentra en la Biblioteca Nacional de París.
Ibn Hayyán, el más notable de los cronistas andalusíes.
En el año 1.031, después de varios de guerra civil, el califato de Córdoba se desintegró en los llamados Reinos de Taifas, algunos de ellos minúsculos, pues llegaron a ser hasta 26, peleando continuamente entre ellos lo que facilitó enormemente la Reconquista, pero esto ya no es objeto de este artículo. |