Calixto III .

Por Nacho Espada

Es desconocido todavía para muchos, que a mediados del siglo XV, ya en la decadencia de la Edad Media, el papel importante que tuvo Alonso de Borja (el papa Calixto III) tanto para las ciudades-estado prerenacentistas italianas como para los reinos medievales españoles. Más desconocido es que fuera el primer papa hispano del que se han establecido claramente sus orígenes, ya que los anteriores fueron en época de las crisis del Imperio romano y se presuponen muchos datos sin fiabilidad, y haya una documentación abundante que contrastar.

Lamentablemente su memoria está empañada por el pontificado más conocido, polémico y estudiado de su sobrino Rodrigo de Borja o Borgia, el papa Alejandro VI de quién se han escrito ríos de tinta sobre él y su familia. Trataremos de exponer una visión objetiva de toda su vida con sus defectos y virtudes... ¿De donde proceden  los  Borja? Es importante saber que la denominación Borgia no se usará hasta la llegada de éstos a Italia donde se “latinizará” o “italianizará” su apellido. Después de la conquista de Valencia en 1238, el rey D. Jaime I “el Conquistador” lanza sus huestes contra la plaza de Játiva, una villa encaramada en lo alto de unas peñas escarpadas y protegidas por murallas maciza y que denominaba Medina Xatibea, ciudad de importancia en la producción de papel y residencia de de ocio de los señores musulmanes del reino.

Entre los caballeros conquistadores destacan los Borja, encabezados por Esteban de Borja y que provenían de la villa zaragozana de ese nombre. Algunos historiógrafos e incluso los propios descendientes de  los Borja sostendrían que provienen de D. Pedro de Antares, bastardo del rey Ramiro I de Aragón y que tomó posesión de la villa de Borja en 1120. El blasón que llevarían los Borja en sus armas contendría un toro heráldico “de gules” como referencia a su ardor guerrero, aún hay blasones en Italia de antiguos palacios de los Borja con el toro e incluso la Universidad de Valencia en su escudo figura el papal de los Borja junto al del rey Fernando “el Católico”.

En el Siglo XIV, sus descendientes de Játiva muestran en sus ramas que son ya una clase acomodada y que emparenta con la nobleza aragonesa con habitualidad, no obstante entre sus miembros hay disparidad de riqueza, por ejemplo los padres de Rodrigo de Borja, Juan Domingo de Borja, de Canals y su esposa doña Francisca Martín, “sólo” poseen unas tierras y una mansión fortificada, la Torreta, en Játiva donde nace el 31 de Diciembre de 1378, Alonso de Borja futuro papa.

Alonso, el menor de sus hermanos, y siendo un “segundón” de la rama humilde de los Borja podía haber sido un caballero de la casa de sus primos ennoblecidos, sin embargo conoció a quién sería uno de sus mentores, Vicente Ferrer, el dominico carismático quién en uno de sus encendidos sermones descubrió en Alfonso un hombre de Iglesia, años más tarde llegaría a vaticinar en una de sus famosas visiones que Alonso sería Papa y que lo santificaría a él.

Entrevistándose Vicente Ferrer con sus padres y conocedor de sus situación no excesivamente holgada, usó su influencia como hombre santo con la rama más rica de los Borja, quienes por su intercesión costearon la carrera eclesiástica del joven Alonso en la Universidad de Lérida donde como brillante alumno se doctoraría en Derecho común y canónico, destacando como profesor de Derecho en la misma universidad y descubriendo en él a un gran jurista. Esta habilidad le conseguirá un prestigio para trabajar a las más altas instancias de la Corona de Aragón.

En la época del Cisma y tras el nombramiento del poderoso cardenal de Aragón , Don Pedro de Luna,,como papa Benedicto XIII en 1394, surgirían grandes partidos entre los eclesiásticos cristianos que decidieron apoyar a la facción que consideraron más legítima ,siendo el pontificado de Benedicto XIII el que eligieron los de los reinos hispanos y el sur de Francia; Alonso de Borja, influenciado por Vicente Ferrer y Bonifacio Ferrer, prior de la Gran Cartuja, pese al aislamiento que tenía en Aviñón, siguió la obediencia de Benedicto con respecto al papa nombrado en Roma. No obstante Alonso en 1408, que fue nombrado por Benedicto XIII, canónico de la Catedral de Lérida, fue de aquellos religiosos conciliadores que trató del modo más lógico y respetuoso de que se acercaran las facciones enfrentadas y lograr una solución que acabara con el Cisma.

Benedicto XIII, tras la muerte del rey de Aragón D. Martín “el Humano”, apoya el proceso del Compromiso de Caspe donde se nombra a Fernando de Antequera, nuevo rey de Aragón y asegurándose la obediencia de los reinos hispanos.
D. Fernando se rodea de conocidos y solventes súbditos que le auxilian en el conocimiento de su nuevo reino, Alonso de Borja se incorpora al Consejo real en las Cortes de Aragón, en calidad de asesor jurídico principalmente.

Tras el fallecimiento de D. Fernando I de Aragón, su hijo, Alfonso V “el Magnánimo” da una delicada misión a Alonso de Borja que mostraría su calidad como hábil diplomático que le acompañaría hasta llegar a lo más alto de la jerarquía eclesiástica romana.
Con anterioridad y a partir del Concilio de Pisa de 1409, los cardenales de las distintas obediencias existentes en el seno de la Iglesia trataron de acercar posturas decidiéndose más adelante que se buscaría unificar criterios para nombrar un único Papa. Benedicto XIII, siempre pensó por ser el cardenal más antiguo nombrado antes del Cisma, que él era el verdadero pontífice y aún dejado de lado por seguidores como Vicente Ferrer y declarado “antipapa”, se mantuvo en su exilio de Peñíscola en su cerrada obstinación.

A la muerte de éste, fue elegido su sucesor Gil Sánchez Muñoz, autodenominado Clemente VIII, cuando ya casi toda la cristiandad había dado definitivamente de lado esta obediencia. El rey Alfonso V de Aragón con el fin de ganarse el favor del Papa de Roma y hacer legítimos sus derechos sobre Cerdeña, Sicilia y Nápoles, envía a Alonso de Borja a que con su persuasión hiciera abdicar a Clemente y lo devolviera a la obediencia romana. Sorprendentemente Alonso de Borja consiguió lo que muchos legados papales y cardenales no lograron, la renuncia en 1429 a continuar el Cisma. Clemente VIII por su actitud de sumisión a Roma fue compensado con el nombramiento de obispo de Mallorca y luego de Gerona hasta su muerte en 1444. Este gran triunfo hace que el papa Martín V le otorgue el 20 de Agosto de 1429 a Alonso de Borja por sus servicios a Roma, el obispado de Valencia, vacante en esos momentos.

El nuevo Obispo de Valencia, no sólo continúa siendo secretario del rey Alfonso y preceptor de su hijo bastardo Ferrante sino que consigue organizar las magistraturas de la Corona de Aragón y crea el Sacro Consiglio, que será el Tribunal Supremo al cuál deberán recurrir los tribunales de los reinos de la Corona en caso de conflicto bajo el dominio del rey “magnánimo”: Aragón, Cataluña, Valencia, Mallorca, Cerdeña, Sicilia y Nápoles.

En su apoyo a la política exterior del monarca, el 14 de Junio de 1443, logra firmar un acta de total apoyo al pontífice de Roma, como único pontífice al surgir un nuevo intento de cisma y aceptando no sólo al nuevo papa de Roma, Eugenio IV sino a no atentar contra las libertades de la Iglesia, equipar navíos contra los turcos y una alianza para expulsar al condotiero Francesco Sforza de la Marca de Ancona, que pertenece al estado pontificio. A cambio el papa reconoce los derechos sobre el reino de Nápoles y el disfrute de los señoríos de Benevento y Terracita (de propiedad papal), cuestionados por la casa de Anjou francesa, antigua poseedora del territorio, y los propios italianos.

El hábil mediador es recompensado el 2 de Mayo de 1444, con la púrpura cardenalicia y el 12 de julio de ese mismo año recibe el título de cardenal de los Cuatro Santos Coronados, aunque paralelamente el Papa lo autoriza a conservarel obispado de Valencia.
Al cardenal Borja se le empieza a conocer como el cardenal Borgia. Aunque ya no regresará jamás a su reino natal siempre desde Roma tratará de beneficiar y recompensar a sus compatriotas. Es famoso su encargo a Jaconart  Baço, un cuadro para la colegiata de Játiva, un tríptico cuyo tablero central representa a Santa Ana, la Virgen y el Niño Jesús, los laterales a San Agustín y a San Ildefonso y al pié de éste, el cardenal Borgia se muestra arrodillado, cubierto de la “cappa magna ” y llevando capelo cardenalicio.
Comienza el patrocinio de sus sobrinos predilectos, hijos de sus hermanas, Luis Juan de Mila y Rodrigo de Borja (futuro papa Alejandro VI) que comienzan su carrera eclesiástica: Luis Juan en 1453 es nombrado con veintisiete años Obispo de Segorbe y Rodrigo, el más brillante de todos, con quince años sacristán de la catedral de Valencia y tiene bajo su responsabilidad la intendencia del capítulo y custodia de los precioso ornamentos y cálices sagrados del Obispado.

A la muerte en 1455 del papa Nicolás V, sucesor de Eugenio IV, el cónclave eligen a un papa de transición: Rodrigo Borgia, con sesenta y seis años, que marcará el comienzo de una dinastía eclesiástica que finalizará con Francisco de Borja, santificado en 1671, en contraposición de los Colonna y losOrsini, familias patricias romanas de gran tradición en papas y cardenales. El nuevo papa Calixto III, resulta un hito en la época en cuestión, dada la predominancia de papas romanos y franceses en los últimos siglos. Y aunque se pensaba en su transitoriedad, en tres años de papado pasará a la historia por su firmeza, energía y ansias de cruzada frente al Imperio turco. Entre sus primeras medidas más populares estarán en el inicio de la canonización de San Vicente Ferrer el 29 de Junio de 1455, ya vaticinada por el admirado dominico, y la revisión del proceso de Juana de Arco que culminara siglos después. Siguió demostrando su nepotismo tan característico de la época, con nuevos nombramientos de sus familiares que provocaron la alarma de las familias romanas anteriormente beneficiadas por los papados de sus antecesores.

En 1455 su sobrino Pedro Luis Borgia, hermano mayor de Rodrigo es nombrado Capitán General de la Iglesia y le da atribuciones de gobernador del castillo de Sant`Angelo, de Terni, Narni, Todi, Rieti, Orvieto, Espoleto, Foligno, Nocera, Asís, y gobernador del patrimonio de San Pedro entre otras plazas. A Luis Juan de Mila, obispo de Segorbe, el 13 de Junio de 1455 le otorga el gobierno de Bolonia la ciudad más importante de los estados pontificios e inviste cardenal de los Cuatro Santos Coronados en 1456. Rodrigo Borgia recibe en tan sólo dieciséis meses en Bolonia el doctorado en Derecho y en 1456 se convierte en cardenal-diácono de San Nicolás in Carcere Tulliano y más tarde el cargo de Vicecanciller, importantísimo, ya que administra las arcas papales, un cargo que conservará durante los siguientes papados hasta que llegue el suyo. Se rodea en su funcionariado de españoles, que los romanos llamarán despectivamente “los catalanes” y se ganan el odio de los menos favorecidos. Inviste a más cardenales afines a él e intentando acallar el desagrado de los barones romanos laicos y eclesiásticos, se vuelca en reunir dinero para la Cruzada contra los turcos, haciendo gala de una austeridad estricta muy criticada por nobles y artistas de las artes italianas: dilapida riquezas arqueológicas y literarias, llega a enajenar numerosos tesoros históricos de la Iglesia e incluso la venta también, de ciudades y feudos del estado pontificio como Giulianello, Vullerano y Carbognano.

Envía distintos emisarios y legados papales a cobrar diezmos a cada reino y principado de la cristiandad, e inclusive da la orden de que todos religiosos deben predicar la cruzada bajo pena de excomunión. Naturalmente antes de partir para las cruzadas todos reinos de la cristiandad han de estar en paz, y con ese objeto confirma en 1455 la paz establecida entre Francia y Borgoña. Se distingue por intentar evitar la lucha entre las ciudades-estado italianas con el fin de la "pax" italiana y para mostrar la preeminencia del Estado Pontificio sobre los demás, para ello promulga la bula “ In Coena Domini” que excomulga a quienes atentan contra los bienes de la Iglesia y se rebelan contra las intenciones del Papa y no duda enfrentarse contra el condotiero Giacomo Piccinino y su antiguo señor el rey D. Alfonso de Aragón y Nápoles, con quién mantuvo duras disputas hasta la muerte de éste, pese a la intercesión del cardenal Rodrigo Borgia.

Siempre y desde el momento de asumir tareas de la más alta responsabilidad, Alonso de Borgia no tuvo más señor que Jesucristo y Roma, manteniendo una independencia sobre otros reinos más poderosos de facto,  política que otros papas durante el Renacimiento, siguieron.

Calixto III enferma en verano de 1458 y fallece el 6 de Agosto de ese año, provocando el terror de sus protegidos y familiares alentado por los Rocín y por la lucha de poder en Roma hasta el nombramiento del cardenal de Hiena, Eneas Silvio Piccolomini que ocupa la sede de San Pedro con el nombre de Pío II. Protegidos por éste, los cardenales Borgia comienzan a recuperar la influencia que les legó su tío. Odiados por extranjeros y olvidados por sus sucesores, hasta el siglo pasado no se averiguó el paradero de los restos de los dos papas españoles, Calixto y su sobrino Alejandro VI, que estaban abandonados en un sarcófago de plomo en una pequeña capilla romana. Hoy en día los restos de estos reposan en Santa Maria in Monserrato fuera de la Ciudad del Vaticano y reclamados por sus paisanos de Játiva para darles el homenaje y el monumento apropiado del que carecen en la actualidad, olvidados en Roma.