BEATO DE LIÉBANA, SU VIDA Y OBRAS |
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Por Sebat-Nefer |
¿Quién fue este personaje?, la verdad es que se sabe bastante poco de él. Fue súbdito de la corona, del rey de Asturias y total y absolutamente contrario a la herejía adopcionista, lo que nos permite situarnos en el contexto de su vida, con los pocos datos que se poseen.
Los datos sobre la vida de Beato nos vienen dados por sus obras, además de los documentos de Elipando y los escritos de la época sobre toda la problemática causada por la herejía adopcionista. Dicha herejía defendía que Cristo, en cuanto hombre, era hijo de Dios, no por naturaleza sino por adopción, además de Elipando, esta herejía era defendida por Félix de Urgell.
Se ignora tanto la fecha como el sitio de su nacimiento, en algunas ocasiones se dice que es asturiano y en otras que era natural de la comarca de Liébana y por tanto lebaniego, aunque ello lo que nos demuestra, principalmente, es que habitaba en dichas zonas mas que hubiera nacido allí.
Hay historiadores que ven en Beato a una persona, uno de los muchos cristianos a los que por las campañas de Alfonso I, situándonos de esta forma en el siglo VIII, se veían obligados a emigrar y permanecer en el norte de la península, recalando en Liébana. De lo único que hay constancia y seguridad es de su condición de presbítero, aunque Alcuino le denomina abad, aún reconociendo no conocerle directamente. Aunque todos los indicios apuntan a que fuera monje del monasterio de San Martín (mas tarde llamado de Santo Toribio de Liébana), no existe una seguridad absoluta, pero está aceptado por todos los historiadores |
Beato en su prólogo al Comentario al Apocalipsis expresa y da a entender su condición monástica, pues dice haberlo compuesto “ob aedificationem studii fractium” —para instrucción de los hermanos—. El propio Alcuino en una carta a Beato menciona a San Martín como su protector y pastor, que coincide con el del monje Vicente cuando les recibió en Tours como enviado del propio Beato. Otra fuente para poder ubicar a Beato en el monasterio de San Martín es la tradición del propio monasterio, que siempre le tuvo como un monje de la casa. Resumiendo todo lo anteriormente mencionado y con las reservas oportunas podemos decir que Beato fue un presbítero asturiano, mas concretamente lebaniego (no olvidemos que en aquella época la Liébana formaba parte del reino de Asturias), con toda probabilidad monje de San Martín de Treviso, hoy Santo Toribio de Liébana, que escribió por el año 766 lo que podríamos llamar una primera redacción del Comentario al Apocalipsis—Comentaria in Apocalypsin.
El historiador H. A. Sanders realizó en el año 1.930 la primera edición crítica al comentario y en los cálculos realizados por él ya situaba a Beato en el año 776 realizando, como decíamos con anterioridad la primera edición de su escrito. Lógicamente para poder realizar este escrito, Beato debería tener ya una edad madura que le proporcionase la formación necesaria que emana de su Comentario. La segunda edición a su comentario se sitúa en torno al año 784.
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Un personaje importante en la vida de Beato, a la par enemigo acérrimo de él fue Elipando, arzobispo de Toledo que difundió un nuevo Credo que sorprendió a todos. Este personaje junto con Alcuino, Félix y el propio Beato fueron grandes protagonistas del debate teológico suscitado por la herejía adopcionista.
Los debates sobre la herejía adopcionista adquirieron tal relevancia y virulencia que se vio obligado a intervenir el propio Carlomagno, convocando un concilio en Ratisbona donde quedaron ratificadas las posturas de Beato frente a las de los “herejes”.
Beato y su amigo Eterio, obispo de Osma, se enfrentan a Elipando, alta jerarquía eclesiástica, el cual ante el enfrentamiento y cuestionamiento que le hacen, escribe una carta a Ascario, obispo de Astorga y al abad Fidel, arremetiendo contra ellos. Éste último la recibe en el mes de octubre del año 785, haciéndola pública antes de darla a conocer a los que eran aludidos directamente, Beato y Eterio. El día 26 de noviembre de ese año, los dos amigos estaban en Pravia en la profesión monástica de la reina Adosinda, de la que fue confesor, pues para favorecer la candidatura al trono asturiano de su sobrino Alfonso en contra de Mauregato se vio obligada a hacerlo y durante estos actos Fidel entrega la carta, a los amigos, en la que el arzobispo de Toledo Elipando decía entre otros “piropos”:
“Nunca se ha oído que los lebaniegos hayan enseñado a los de Toledo. Todo el mundo sabe que esta sede brilló por sus santas doctrinas desde el mismo inicio de la fe, y que nunca fue origen de cisma alguno. Y ahora una oveja sarnosa pretende ser nuestro maestro.
Instruya vuestra fraternidad a nuestro adolescente hermano Eterio, alimentado todavía con leche y que aún no ha llegado a la firmeza del conocimiento perfecto, porque no se ha alimentado con maestros óptimos, sino con el desgraciado Félix y el infeliz Beato, ignorantes y cismáticos.”
Si analizamos el último párrafo, Eterio debía ser discípulo de Beato y por lo tanto mas joven que él.
La respuesta no se hace esperar y crean la obra Apologeticum, en forma de carta, la cual dirigen a “nuestro eminentísimo amado de Dios Elipando, arzobispo de la sede toledana”. Aunque guardan las formas al dirigirse a la autoridad eclesiástica a la que deben obediencia, el obispo y el presbítero, Eterio y Beato, con la máxima educación llaman a Elipando mentiroso y hereje diciendo:
“Has inventado una nueva doctrina y abandonaste aquélla que en todo el mundo es anunciada por la boca de todos los bautizados. Y nosotros, desconocedores de tu doctrina, no quisimos aceptarla y abandonar aquella que sostiene la Iglesia por todo el mundo.
Dices que yo soy aquel espíritu mentiroso del error. Cuando dices esto, claramente se da a entender que afirmas que tú eres veraz, pues dices que yo soy mentiroso.
Y cuando se halla uno que es contrario a Cristo, aparece que es mentiroso. Y cuando se manifestó el mentiroso aparece que es hijo del diablo. Y todo el mundo es hijo del diablo, porque el diablo, como hemos dicho antes, es el padre de la mentira. Averigüemos ahora quien es el mentiroso.”
Podríamos decir que con este episodio se acaba la participación de Beato en la contienda adopcionista pero no su actividad literaria, pues se cree que en el año 786 terminó su Comentario al Apocalipsis, al añadir la dedicatoria que hizo a su amigo Eterio y complementándolo con el comentario de San Jerónimo al profeta Daniel y las genealogías isidorianas, conformando con todo ello la obra definitiva y que es la mas extendida en los manuscritos que han llegado a nuestros días.
No se sabe exactamente cuando murió pues la última referencia que tenemos de él se debe a una carta que le dirige Alcuino que está aceptada con fecha del año 800 y a partir de este momento se le pierde la pista. El monasterio de Santo Toribio de Liébana mantiene la tradición de celebrar fiesta el día 19 de febrero, como conmemoración de la muerte de Beato, desde tiempo inmemorial.
Motivado por las tendencias mal llamadas milenaristas, pues en aquella época se predecía el fin del mundo en cada cambio de siglo, el apunte de Beato es realmente importante, pues dice: “Cuando sale cada uno del mundo, es entonces para él el fin del mundo”.
Para realizar su famoso Comentario al Apocalipsis de San Juan, Beato se basó en textos de dos padres africanos, Primario y Ticonio además de otros de Apringio de Beja.
Pero Beato no sólo nos dejó su famoso Comentario al Apocalipsis, de fama internacional por las iluminaciones que, posteriormente, le fueron introducidas en distintos tiempos y monasterios, también nos dejó otras obras, la mencionada anteriormente Apologeticum que escrita a modo de carta comienza con el siguiente encabezamiento:
“Eminentissimi Nobis et Deo amabili Elipando toletanae sedis archiepiscopo, Heterius et Beatus in Domino salutem”.
La tradición considera que esta obra se debe principalmente a Beato, pues Eterio era su discípulo aunque se asoció a ello por su condición de obispo, joven pero obispo al fin y al cabo, además tiene el mismo estilo que los Comentarios, por lo que no se piensa en Beato como su autor. El estilo literario, el léxico, los contenidos teológicos y las fuentes utilizadas son tan parecidos en los Comentarios y el Apologeticum que se hace muy difícil pensar en dos autores distintos.
Otra obra atribuida a Beato, aunque no goza de la unanimidad de las otras dos, es la denominada “O Dei Verbum”. Dos de nuestros mas preclaros y famosos medievalistas como son Claudio Sánchez Albornoz y fray Justo Pérez de Urbel no dudan en atribuirla a Beato, éste fue el primero en proponerlo y aquel lo defendió e hizo causa común con la propuesta, basándose en varias razones: ideas cercanas o comunes entre el Comentario y el himno, misma erudición, uso muy abundante del Apocalipsis en el himno, imposibilidad de atribución aotra persona en los años en que fue escrito 783-788 y otro hecho básico Beato fue quien lanzó por primera vez en España la idea de la predicación del Apóstol Santiago, a quien canta en el himno diciendo:
“Caput refulgens aureum Ispaniae”
“Cabeza refulgente y dorada de España”
La difusión de este himno abonó el campo que permitió el descubrimiento en el año 814 de la tumba del apóstol Santiago, iniciándose, desde entonces peregrinaciones que han llegado hasta nuestros días.
Existe una cuarta obra que, nuevamente, fray Justo Pérez de Urbellanzó, como hipótesis la autoría por parte de Beato, es un Liber Homiliarum, no completo y cuyos fragmentos se encuentran en la abadía de Santillana de Mar, pero es muy difícil poderlo probar.
Durante toda la Edad Media, existió la costumbre, en los monasterios, en sus scriptoriums, de iluminar e ilustrar el texto de Beato de los Comentarios al Apocalipsis, dando lugar a los popularmente conocidos “beatos”. Todos los que han llegado a nuestros días y estás perfectamente catalogados e identificados ascienden al número de 23, recogidos y clasificados por H. A. Sanders en tres grandes familias.
La familia I reflejaría las dos ediciones de texto creadas en su día por Beato (776 y 784), la familia II la dividimos a su vez en otras dos, así tenemos la IIa y la Ilb, reflejando cada una de ellas y respectivamente un texto ampliado en el siglo X y el mismo texto con una revisión posterior.
Los veintitrés “beatos” divididos en sus familias son los siguientes:
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FAMILIA I |
- Madrid, Biblioteca Nacional.
Reino de León, 930-950.
- París, Biblitheque Nationale.Saint-Sever, Gascuña, 1.028-1.072.
- El Escorial, Biblioteca del Monasterio.Rioja, ¿San Millán de la Cogolla?, finales siglo X
- madrid, Real Academia de la Historia.Castilla, San Millán de la Cogolla, finales siglo X y XI
- Santo Domingo de Silos, Archivo del Monasterio. Norte de España, ¿Asturias?, finales siglo IX.
- Burgo de Osma, Museo de la Catedral. Sahagún, 1.086.
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Roma, Biblioteca dell´Accademia Nazionale dei Liucei e Corsiana. Norte de España, ¿Sahagún?, primera mitad del siglo XII.
- Lisboa, Arquivo Nacional da Torre do Tombo.Lorvao, 1.189.
- León, Archivo Histórico Provincial. Norte de España, ¿León?, segunda mitad del siglo XII.
- París, Bibliotheque Nationale. Navarra, 1.200.
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FAMILIA IIA |
- Nueva York, Pierpont Morgan Library.San Miguel de Escalada, León, 950-960
- Valladolid, Biblioteca de la Universidad.León, ¿Valcavado?, 970.
- Seo de Urgel, Archivo de la Catedral.Norte de España, ¿Aragón o Navarra?, finales siglo X.
- Madrid, Biblioteca Nacional.San Isidoro, León, 1.047.
- Londres, British Library.Santo Domingo de Silos, Castilla, 1091-1.104
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FAMILIA IIB |
- Madrid, Archivo Histórico Nacional.San Salvador de Tábara, León, 968-970.
- Gerona, Museo de la Catedral.León, ¿Tábara?, 975.
- Turín, Biblioteca Nazionale.Reino de Aragón, ¿Ripoll o Gerona?, principios siglo XII.
- Manchester, John Rylands Library. 5.- Madrid, Museo Arqueológico Nacional.San Pedro de Cardeña, Castilla, finales siglo XII.
- París, Bibliotheque Nationale.San Andrés de Arroyo, Castilla, principios siglo XIII.
- Nueva York, Pierpont Morgan Library.Monasterio de las Huelgas, Castilla, 1220.
- Ciudad de México, Archivo General de la Nación.Castilla, mediados del siglo XIII.
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