Si tomamos como punto de partida el cruce de caminos que hay en el llano que a la izquierda nos lleva a Santa María, tomamos el camino de la derecha. Tenemos dos opciones, tomar la pista forestal para vehículos o bien, caminando, tomamos la senda, mas corta que nos llevará al lado norte de la basílica.
Atravesamos un frondoso bosque de pinos y encinas y llegamos al llano, ideal para realizar acampada que hay en la entrada del recinto monástico del antiguo priorato benedictino del Santo Sepulcro de Palera.
Desde este lugar observamos el costado noreste de las construcciones. En primer plano, dentro del recinto cerrado hay un llano con hierba baja donde sobresalen unos cuantos aceitunos e higueras, un almendro y un ciprés de unos 10 metros de altura. Detrás encontramos el muro norte de la basílica, los ábsides, a levante con cubierta de pizarra que contrasta con la del edificio que es de teja. Se ve detrás el campanario, de espadaña y las dos campanas.
Entramos en el conjunto por la puerta abierta en la cerca y siguiendo el camino nos hallamos frente a las construcciones.
A la basílica se accede a través de una escaleras que se encuentran en el frontal de la explanada, a dos niveles, separados por un escalón. El nivel superior estaba ocupado hasta su eliminación por una galilea que había en el frontal de la iglesia. Si observamos la fachada, es posible ver todavía las marcas de las entregas de las paredes.
Destaca el campanario porque está descentrado, como si no estuviera acabado. A la derecha por un pequeña escalera se baja al recinto monástico.
Entramos a la iglesia por la puerta principal y observamos las cinco aberturas que dan luz a la nave. Un ojo de buey centrado con la puerta, dos aspilleras justo debajo y dos más laterales. Entramos por una sencilla puerta con arco de medio punto y admiramos la grandiosidad del interior, con tres naves y al fondo los ábsides con una aspillera central cada uno. A la derecha vemos la pila bautismal que si bien no es la original, de románica.
Avanzamos hacia el interior con cuidado ya que el pavimento en este lugar no es llano. Efectivamente desde la entrada hasta las primeras columnas el suelo es de piedras desiguales en contraste con el resto que es de perfectos sillares. Da que pensar y es posible que se trate de un suelo sobrepuesto y es posible también que si levantamos ese solado nos encontremos a profundidad de un escalón con otro de sillería. Especulando, podemos pensar que el solado se puso para ocultar la entrada al osario, encajado al nivel del solado inferior mediante una losa sepulcral.
Seguimos observando el suelo. Nos encontramos justo a la altura de las primeras columnas cuadradas que sostienen los arcos. En el suelo volvemos a encontrar piedra desigual cambiada. Este es el lugar en donde se hallaba el coro de los monjes hasta la realización de la primera reforma importante entre 1749 y 1772 y que después se trasladó a la entrada del edificio. Al pié de las columnas en el lado que mira a la entrada, el rodapié está cortado como si alguna cosa hubiera estado adosada.
Seguimos por la nave central, hacia el ábside y justo a la altura del segundo grupo de columnas, encontramos el suelo fruto de la última reforma en los años 50. Cuando se quitó el altar para hacer el nuevo debajo del antiguo se encontró una tumba sin ninguna señal identificativa. Podría tratarse del Señor de Palera? . Volvió a dejarse en el mismo lugar.
El cristo que preside el altar es de Doménech Fita y es contemporáneo. A la izquierda, (pared norte) hay una puerta tapiada en tiempo indeterminado y en la columna frente a ella las marcas de haber estado incrustado un recipiente para agua bendita.
En el ábside de la izquierda había el altar del Santo Sepulcro y se venera en la actualidad el "Cuerpo Santo", una urna de cristal y madera con la imagen de Cristo en el sepulcro. El altar central estaba dedicado a la Transfiguración y había hasta la guerra civil un retablo. El altar de la derecha esta dedicado a Santo Domingo y en la actualidad lo ocupa una cruz utilizada para los "vía crucis".
Al lado de este ábside y en la pared sur hay una pequeña aspillera y una puerta que comunica con el recinto del priorato. Salimos por esta puerta y bajamos un escalón, que no es otra cosa que la antigua "ara" del altar y nos hallamos en el claustro, con edificaciones a nuestra izquierda y frente, actualmente en muy mal estado y cierto peligro si pretendemos entrar a visitarlas.
Adosada a la pared de la basílica encontramos una escalera de sillería que sube por el exterior hasta el campanario. Se construyó en época posterior a la basílica. En días de oficio desde arriba de la misma se pueden tocar las campanas que anuncian que el templo, pese al estado y a su degradación no está muerto, al contrario, invita a peregrinar. Eso si, recordando que en su época de esplendor se celebraba el sacramento del perdón una vez se había reflexionado sobre el misterio de la redención de Nuestro Señor Jesucristo.
La visita tendría únicamente el sentido de ver unas piedras cargadas de historia si al final no cumpliéramos el deber del peregrino entrando nuevamente a la basílica y ante el Cristo de la Buena Muerte no rezáramos un padrenuestro. Hasta aquí la historia y queda la leyenda y los comentarios que, por razón de espacio dejamos para otra ocasión |