AVICENA
La luz del saber de la Edad Media

Por Nacho Espada

Sin duda alguna uno de los personajes más admirados, conocidos y denostados dentro de la rama de la Medicina y de la Filosofía medieval se encarna en la figura de este hombre. Cómo cualquier genio que ha existido a lo largo de nuestra Historia hablar de él no provoca indiferencia si no todo lo contrario, entre sus contemporáneos y posteriores épocas, ha representado principalmente la sabiduría islámica y la cultura universal.

Sobre todo el médico y filósofo Alí ibn Sina, más conocido en Occidente como Avicena, fue uno de los primeros intérpretes de Aristóteles y sin duda el más reputado continuador de pensamiento médico de Hipócrates, que vivió entre los siglos X y XI y desarrolló toda su vida en los territorios que siglos más tarde se denominarán Irán, Irak, Afganistán y Uzbekistán. Antes de hablar en concreto sobre la persona de Avicena, tenemos que mencionar la fragmentación territorial y política y religiosa que existía en Persia y que marcarán el destino del insigne médico durante su carrera personal y profesional.

Persia, en tiempo de Avicena, ya estaba ocupada por los árabes desde hacía tres siglos y las dinastías existentes se repartían los trozos que quedaban de un imperio. Hay varias que predominan e intentan imponerse sobre las demás.

Los samaníes y buyíes, son las principales, aunque quedarán eclipsados por una tercera de origen turco, los gaznawíes. Los samaníes son la primera dinastía puramente persa que apareció tras la conquista árabe y cuyos centros más importantes de poder fueron Samarcanda y Bujkhara y que cayó ante los turcos en el año 999. Los buyíes o buwayhíes originarios del norte de Persia y que reinaron sobre el oeste de Irán e Irak entre el año 945 y 1055, aproximadamente, y que fueron depuestos por los turcos.
     Los gaznawíes, de Ghazna, reinaron en el nordeste de Irán, Afganistán y el norte de la India a partir de 997. Impuso un gran imperio aprovechando las luchas de las dos anteriores, hasta su desaparición en 1186.
En el plano religioso, las tres facciones islámicas existentes son el sunísmo, los ortodoxos puros, por un lado, y los chiítas e ismaelitas (de tendencia chiíta) que son considerados heréticos por los anteriores.

En este entorno Alí ibn Sina, nace sobre el año 980 en Persia, más concretamente cerca de Bujkhara, en el actual Uzbekistán. Hijo de un alto funcionario del soberano reinante de Bujkhara, capital del Jurasán, y cuya principal función era la de la recaudación de impuestos. En ese ambiente y formando parte de la élite social de la época, muy pronto empezó sus estudios Avicena, y como el prodigio del saber que fue, ya cuentan las leyendas que a los diez años de edad ya sabía de memoria los ciento catorce suras del Corán. A los dieciséis años en su examen de medicina en la escuela de Yundaysabur, hizo una exposición sobre el estudio del pulso, de la digestión, del diagnóstico por análisis de orina, de la meningitis y de la traqueotomía, siendo este hecho algo extraordinario ya que se considera a Avicena, el inventor de la intubación de laringe, cuyo manual operatorio será precisado por el cirujano árabe el-Kasis de Córdoba(Aunque algunos autores opinan que hasta el Renacimento no se realizaron operaciones de este tipo documentadas por el médico italiano Brasavola). Incluso se atrevió a afirmar que la apoplejía, cuestionando la teoría de Galeno, se debía a una oclusión de una vena del cerebro, provocando el asombro de los sabios y maestros en Medicina asistentes a su exposición.

Ya con apenas dieciocho años en Bujkhara, en sus primeras curaciones recibió el sobrenombre de “jeque al rais” (maestro de los sabios) por su pericia en el Bismaristán (Hospital) de la ciudad y ya tenía alumnos.
En aquella época ya se consideraba un estudioso de la obra de Aristóteles, Hipócrates y Ptolomeo y cultivaba la amistad de grandes científicos y sabios de la época como Ibn Ahmud el Biruni.
Los historiógrafos, en diversas obras, contemplan que la lectura que realizó sobre la Teología de Aristóteles, fue errónea, ya que lo que el consideraba como tal obra, era en realidad algunos extractos de las Eníadas de Plotino, y este error influirá en toda su obra filosófica.
El mismo afirmó que leyó cuarenta veces la Metafísica de Aristóteles, llegándola a conocer de memoria y entenderla gracias a una obra introductoria de Alfarabí “Diseño de la Metafísica”. Durante esos años profundizó en la jurisprudencia, en la literatura así como en la música. También completaba sus conocimientos en matemáticas con los teoremas geométricos de Tales. Estando bajo la protección de los príncipes soberanos del Jurasán, a la edad de veinte años comienza la elaboración de tres de sus primeras obras: “El tratado del resultante y el resultado”,de diez volúmenes, el estudio “Las costumbres y el pecado” y una obra general de filosofía de veintiún volúmenes, ”La Filosofía de Arudi” en honor de el-Arudi.

Toda esta situación de privilegio, se troncó por intrigas palaciegas propias de la época y de ese emirato ya en decadencia; Avicena, cuya sabiduría, juventud y arrogancia de los genios, se ganó la enemistad del Cadí (juez) de palacio y hombre de confianza del emir reinante. Fue expulsado por orden real del Bismaristán y a la muerte de su padre decidió abandonar el reino y dirigir sus pasos allí donde pudiera aumentar conocimientos y servir a los demás.

Pronto se puso al servicio del emir de Gurgandj, Ibn Ma’mun, recomendado por su visir, Ahmad el-Soheyli, hombre letrado y mecenas reputado. Aprovechando su puesto de médico de la corte y maestro de la escuela y los recursos puestos a su disposición siguió cultivando su faceta investigadora y ampliando el número de sus obras, como son “Compendio de Euclídes” y una “Introducción al arte de la música”.
Durante los siguientes nueve años, se consagró tanto a su oficio como a la docencia y la escritura, donde dejó para la posteridad, (otras desaparecieron) obras dedicadas a la poesía, la astrología, el ascetismo, filosofía, teología…
No obstante el errante Avicena, dejó su puesto en la corte debido a que por un pacto del emir Ibn Ma’mud con su cuñado, el emir Mahmud el-Gaznawí, todos los sabios debían dirigirse hacia su corte en Gazna y ponerse a su servicio; Avicena, quién siempre afirmó que no se pondría al servicio del emir turco en su vida, marchó en busca de un nuevo reino al que ofrecer su ya legendaria sapiencia.
Esto provocó la ira del emir gaznawí, que mandó tropas y ofreció recompensas por traer a Avicena, vivo o muerto. Logró escapar con muchas dificultades, lo que no fue problema para realizar durante su exilio forzoso, cuatro obras más:”

Los remedios para el corazón”,”El tratado que expone la epístola del médico”,”Compendio sobre el ángulo formado por la tangente no tiene cantidad” y “Cuestiones generales de astronomía”, protegido por un rico hombre Muhammad el-Chirazi, a quién dedicó “Lógica media”.Muchas obras más surgieron del “jeque el-rais”, pero en aquella época empieza a gestarse la que sería la gran obra de su vida El Canon, compendio de cinco libros específicos sobre todo el saber médico de la época, al que se añaden las observaciones y los descubrimientos de Avicena.

Corría ya el año occidental de 1012 cuando se pone ya al servicio de la reina Shirin de Raiy de la dinastía de los kakuyíes donde es nombrado director “sa’ur” del Bismaristán de la ciudad, uno de los más avanzados de su época, y siendo pronto el hombre de confianza del príncipe heredero Majd el-Dawla. Allí se comienzan a aplicar sus avances en los enfermos de una manera habitual, a tratar los síntomas antes que curar la enfermedad, se atenderán las infecciones con oportunidades de sanación más rápidas, masajes y ejercicios para ancianos y comienzan a prometer sus médicos el acto de fe jurado que conocemos como juramento hipocrático.

Su apoyo al heredero emir el-Dawla le volvió a granjear la enemistad de su mecenas la reina Shirin, que comenzó a divulgar, así como sus detractores, que tuvo a lo largo de su vida, un posible origen hebreo por parte materna, y la insinuación de ser un falso creyente de la fe del Profeta; algo que él negó durante toda su vida. Precisamente por este apoyo, Avicena se convirtió en el consejero de confianza del nuevo emir de Raiy, sobre todo después de que el joven emir de dieciséis años fuese cercado por las fuerzas de los adeptos a su madre. Ahí Avicena surgió como un hombre con conocimiento de logística, previendo una gran masacre entre las fuerzas del emir y las de su familia, constituyó una gran unidad móvil de Sanidad militar con sus hombres expertos en medicina y los desplegó tras la batalla, curando a los heridos de ambos bandos. Allí se distinguió como uno más, amputando de manera ejemplar para evitar las múltiples cangrenas producidas por las heridas de la batalla.

La pérdida de esta batalla provocó que antes de que regresara la reina a su recuperado trono, Avicena volviera a su contínuo errar. Nuevamente durante este camino continuó ampliando su obra literaria con “el Canon de las tablas astronómicas”, un tratado de alquimia: “El espejo de las maravillas” y una alegoría filosófica: “Historia de Salaman y Absal”.La recuperación del trono de Majd el-Dawla provoca su vuelta a la Corte, pero antes pasa por Hamadhan, donde cura al hermano enfermo del emir. El “jeque el rais” tiene ya la edad de treinta y cinco años y se incorpora la hueste de Shams el Dawla, el hermano curado del emir y le acompaña como médico personal. Sus conocimientos y sabiduría le empujan al cargo de visir (primer ministro) del victorioso emir en la corte de Hamadhan. Allí a finales de 1019, aproximadamente, finalizó el quinto y último libro de su principal obra: El Canon.
Inmediatamente continuó con los siete volúmenes de “La Física y la Metafísica” durante los cuatro siguientes años. No obstante su etapa de visir finaliza por ponerse en contra de los privilegios del ejército y promulgar un decreto para ello, los generales en un pseudo golpe de estado obligan el emir a destituirlo y es exiliado de nuevo.

De nuevo en este vagar inicia la “Shifa”, la curación, esta obra es para la filosofía lo mismo que el Canon para la medicina; tras más de cuarenta días, el emir recuperando el control de su reino, lo nombra por segunda vez visir, donde continúa en su continuo aprendizaje, polemizando con los sabios árabes de la época con su apoyo a la filosofía de Aristóteles, según unos autores errando en sus definiciones según otros simplemente cuestionadas.

A la muerte del emir, decide dimitir de su cargo y ponerlo a disposición del nuevo emir, su hijo, sama el-Dawla y marchar al emirato de Isfahán para ponerse la servicio de Alá el-Dawla. El nuevo visir, influye en el emir y por ese desagravio decide encerrarlo en la fortaleza de Fardajan. Al enterarse de la decisión real, según cuentan leyendas árabes, intentó suicidarse a los cuarenta años, por la impotencia de no poder decidir sobre sus pasos en la vida, siempre a la deriva de lo que mandan los poderosos emires. Es encerrado con todas sus obras y su material de estudio y escritura, e inicia “Guía de la Sabiduría”. Y permanece encerrado hasta la caída del emir Sama al-Dawla, y de la ciudad Hamadhan por la conquista del emirato por el príncipe de Isfahán, Alá el-Dawla, pero pronto deja la ciudad en manos del depuesto emir y en ese momento, es rehabilitado a su puesto de médico de corte a condición de poner fin a su correspondencia con Alá el-Dawla.

Desengañado y ya desanimado mantiene su correspondencia en secreto y huye en cuanto puede de Hamadhan, y llega a Isfahán donde es recibido con todos los honores, y donde se incorpora a una corte llena de los sabios más influyentes de la época en esa zona . Durante los siguientes tres años finaliza el “Shifa” la”Lógica” y el “Almagesto” y comienza otra gran obra como es el “Najat”, la Salvación. Fue el promotor del Esencialismo, ciencia del “ser en cuanto ser”, no consideraba y negaba la inmortalidad del alma individual a través de él, hace llegar a Occidente la idea del Intelecto agente único y desdobla al ser en dos: el Ser necesario (Dios) y el Ser posible (el que existe si hay una causa).

Sus conocimientos en medicina, y la salvación de la esposa y del futuro heredero del emirato, le hacen ganar el apoyo del emir en detrimento del médico personal existente en la corte, Yohanna Aislieri ,lo que le sirvió para ganar sus celos. Isfahán es atacada por los turcos y la corte y el ejército escapa para reagruparse y recuperar el reino, solicitando el apoyo del califa de Bagdad, Avicena va con su emir y la corte. Durante esta época, realizó “La filosofía oriental” y la “Kitab al-Isharat” su última gran obra, que fue la obra filosófica más original en tanto y cuanto trató la gnosis, sus estados y el sufísmo. Y enfermó, siendo tratado por Aislieri, lo que hace sospechar a los historiógrafos árabes, que éste le fuera envenenando en pequeñas dosis con anterioridad o que al menos no fuera tratado con los elementos adecuados por Aislieri, lo que le provocó la muerte, antes de la reconquista del reino.

Era el año 428 de la Hégira o el año 1037 del calendario occidental, y tenía cincuenta y siete años aproximadamente. Fue vilipendiado por los ortodoxos de su religión y muchos autores escribieron contra él en Oriente y Occidente, (entre sus detractores a posteriori nos encontramos la famosa quema de su libro, el Canon, en 1527 en la Universidad de Basilea, inducida por Felipe Aureolo Teofrasto De Hoheinheim, más conocido por Paracelso, defensor de la medicina hermética).

En Oriente destacar las palabras de Majd el-Din Baghdadí: “En sueños ví al Profeta. Le pregunté ¿qué dices sobre Ibn Sina? Me respondió: es un hombre que pretendió llegar a Dios prescindiendo de mi mediación. Por lo tanto lo escamoteé así, con la mano. Y entonces cayó en el infierno”. Independientemente de cada opinión, científica, filosófica e histórica lo que está claro es que su persona es de las que más ha influido en la Historia Universal.

 

 

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