Organizado por el Colegio de Arquitectos de la Comunidad Valenciana, los días 29y 30 de Junio y 1 de Julio se ha realizado un Viaje a la Arquitectura Templaria de la antigua Corona de Aragón, visitándose los Castillos de Alcalá de Chivert, Peñiscola, Miravet y Monzón.
Uno de los asistentes, el que esto firma, por su doble condición, de Arquitecto y Templario, ha considerado que sería interesante escribir una crónica del citado viaje haciendo hincapié en la descripción de los castillos, enclaves templarios de primer orden tanto por su interés histórico como arquitectónico.
Esta no va a ser por lo tanto la descripción de un viaje sino la de los castillos visitados y del entorno histórico en el que se construyeron y, sobre todo, fueron habitados por la Orden.
Por ello es conveniente hacer a modo de introducción una breve reseña histórica de los hechos más importantes relacionados con el Temple entre los siglos XII y XIV en el ámbito territorial de la Corona de Aragón.
En efecto, la influencia de los Templarios fue tal desde 1133 a 1319 año en que sus posesiones pasan a la recién fundada Orden de Montesa, que el conde Ramón Berenguer III antes de morir ingresó en el Temple, entregando a la Orden lo que para un caballero constituía su más preciada posesión, es decir, su lanza y su caballo.
Así mismo el rey Alfonso I el Batallador dejó a su muerte su reino a las tres Órdenes militares nacidas en Tierra Santa – Hospitalarios, Santo Sepulcro y el Temple, herencia que al menos por los templarios no fue aceptada a cambio eso si, de algunas posesiones en el reino de Aragón.
Ramón Berenguer IV dio el Castillo de Monzón a la Orden del Temple el 27 de Noviembre de 1143, siendo en este castillo donde años más tarde fue instruido por el Maestre Guillem de Mont-Rodon el que sería el rey Jaime I el Conquistador.

El viaje comienza con la visita al castillo de Alcalá de Chivert.
Este castillo, en la actualidad en rehabilitación y del que no existe ninguna parte habitable se encuentra situado en el actual término municipal de Alcalá de Chivert, en lo alto de un pico de la Sierra de Irta y desde el mismo se domina el valle en medio del cual se ubica el pueblo de Alcalá de Chivert.
A pesar de estar muy cercano al mar no se divisa desde el castillo ya que se lo ocultan las estribaciones de la sierra de Irta más cercanas al mar y que van desde Peñiscola al norte hasta el caserío de Alcocebre al sur.
El Castillo es de origen islámico y fue conquistado por Jaime I en 1234 cediéndoselo a la Orden del Temple, pasando después de la extinción de la misma a la Orden de Montesa, por lo que la mayor parte de su fábrica corresponde a la Orden del Temple y posteriormente a la de Montesa.
El Castillo es de origen islámico y fue conquistado por Jaime I en 1234 cediéndoselo a la Orden del Temple, pasando después de la extinción de la misma a la Orden de Montesa, por lo que la mayor parte de su fábrica corresponde a la Orden del Temple y posteriormente a la de Montesa.
La visita fue guiada, explicada y comentada por la arquitecta Vera Hofbrauerová , quien tiene a su cargo la restauración del castillo.
Así mismo participó en la visita el arquitecto Arturo Zaragozá Catalan, arquitecto inspector de Patrimonio Artístico de la Comunidad Valenciana que nos entregó un escrito sobre la conservación y restauración de las arquitecturas construidas por las Órdenes Militares en el reino de Valencia y que por su interés reproduzco a continuación en la parte que hace referencia al Castillo de Xivert.
“El castillo de Xivert se sitúa en el extremo suroeste de la sierra de Irta, en el norte valenciano, controlando el corredor costero. Cabe recordar que el castillo de Peñíscola, que luego veremos, se sitúa en el extremo norte de esta misma sierra, pero ya en el mar. Esta pareja de castillos constituían un formidable dominio estratégico sobre los caminos de la tierra y los del mar.
Aunque el lugar es de muy antiguo poblamiento, el conjunto actual puede datarse a finales del siglo X y comienzos del siguiente, en época califal. El castillo y la población de Xivert pasaron a manos de la Orden del Temple en virtud de un pacto de rendición pacífica en 1234. Una vez disuelta la Orden del Temple pasarían, a su vez, a Montesa. La aljama de Xivert juró en 1319 la fidelidad a esta Orden. En 1511 el castillo, poblado y mezquita fueron incendiados y saqueados por la tropa del agermanado Estelles. La comunidad islámica fue definitivamente expulsada en 1609. Desde entonces el lugar quedó abandonado.
El conjunto se compone de tres recintos muy diferentes.

El más alto es el castrum templario y montesiano construido con diferentes fábricas, especialmente con mampostería hormigonada a caja dispuesta a espinapez y con fuerte sillería.
Las recientes consolidaciones y excavaciones han permitido saber que se accedía a esta fortaleza a través de un acceso acodalado y que las dependencias se distribuían desde un patio central.
La capilla estaba formada por un ábside de cantería con bóveda de cuarto de esfera y dos crujías de cubierta de madera sobre arcos de diafragma. Alguno de los muros de mampostería y tapial siguen puntualmente la disposición de las murallas de Benicarló tal como se describen en el documento por el que los templarios obligan en 1306 a construirlas a los vecinos de esta cercana población de la circunscripción de Peñiscola.
Vista de Xivert desde el interior (foto del autor)
El citado castrum se sitúa en el centro del castillo musulmán que es mucho más extenso y está construido con tapial de argamasa. El espacio situado entre ambos castillos, tras la conquista cristiana, quedó como albacar. A los pies del castrum y del albacar se desarrollaba la población, que está defendida con un fuerte muro de tapial de argamasa.
La actuación templaria en Xivert es una muestra evidente de introducción de nuevas técnicas constructivas y disposiciones arquitectónicas, despreciando las existentes en época musulmana.”

Vista del castillo de Peñíscola
El viaje continuó con la visita al Castillo de Peñíscola que, al contrario del de Xivert, está situado en una pequeña península al borde del mar y separado de la tierra firme por un istmo que en la actualidad está construido y constituye la calle de acceso al castillo, pero que en el momento de su construcción era una lengua de tierra batida por las olas.
Así mismo el castillo de Peñíscola esta rodeado en todo su perímetro, excepto por el este que constituye su fachada al mar Mediterráneo, por edificaciones posteriores que colman el espacio entre los muros del castillo y la muralla que rodea en su totalidad la península en que se asienta y que corresponde a la época de Felipe II. Todas estas edificaciones están en uso constituyendo el núcleo o casco antiguo del municipio de Peñiscola.
Es pues un castillo vivo, totalmente reconstruido, que es visitado diariamente por multitud de turistas y en el cual se celebran regularmente gran número de actos culturales y cívicos: Congresos, exposiciones, conciertos, etc, además de las cotidianas visitas guiadas.

Concretamente, en el momento de la visita se estaban dando los últimos toques a una exposición denominada “Templarios, Caballeros de la Fe” ubicada en la denominada Sala del Cónclave, que visitamos y que trata de la vida cotidiana de los Templarios así como de su historia hasta su disolución en 1307.
El castillo de Peñíscola es, al contrario que el de Xivert, un castillo urbano, situado en el camino que discurre por el litoral mediterráneo y con un bien abrigado puerto lo que le convertía en punto de partida de futuras expediciones a Tierra Santa.
En lo que se refiere a la descripción del Castillo, vuelvo a tomar la que hace Arturo Zaragozá en el documento citado anteriormente, por su interés y claridad.
Plaza de armas y entrada a la exposición
“El castillo de Peñíscola es una importantísima y conocida construcción con una cronología establecida. Fue edificado por los templarios durante su dominación de la plaza entre 1292 y 1307. De él indicó Tormo que es, en conjunto, obra única en España, una intacta fortaleza del siglo XIII, toda de un sólo empeño, similar acaso a las de los cruzados en Oriente, a cuyo efecto, de maciza robustez cúbica, ayuda el detalle de haber perdido el inútil almenado que tuvo y las inmensas azoteas. Pese a la avanzada época en que se construyó, el castillo ignora (deliberadamente) la arquitectura gótica. En una de las estancias de la planta inferior se realizaron los enjarjes de unos arranques para tender una bóveda de crucería. Pero inesperadamente el espacio acabó cubriéndose con una bóveda de cañón. De hecho todas las estancias se cubren con bóvedas de cañón levemente apuntado. Las fábricas son de fuerte sillería y de extraordinario grosor. La basílica templaria de la fortaleza (que más tarde sería Papal) es de una nave, orientada y con entrada lateral. Se cubre con una bóveda de cañón seguido apuntado en la nave y con un cuarto de esfera en el ábside, que es de planta semicircular. La austeridad y severa proporción del espacio resultante remiten a la más canónica arquitectura románica. De hecho, como ha señalado el profesor J. Fuguet, la casi idéntica iglesia (aunque de menor dimensión) del castillo templario de Miravet, junto al río Ebro, ha sido datada en el año 1153. La gran sala del castillo de Peñiscola es un espacio de planta rectangular cubierto con una bóveda de cañón seguido apuntado. Los sillares que forman la bóveda, aunque manchados por depósitos calcáreos, están dispuestos de forma alternada a franjas blancas y oscuras, siguiendo así una característica tradición tardobizantina y románica que utilizó, igualmente, el gótico italiano. Tanto Xivert como Peñíscola sugieren una intención de vuelta a antiguas tradiciones arquitectónicas templarias construidas algunas en la perdida Tierra Santa.”
Dejando atrás la costa mediterránea nos adentramos en el interior siguiendo el curso del Ebro, frontera natural entre regiones y punto de encuentro y de batallas importantes a lo largo de nuestra historia. No es de extrañar por tanto que precisamente en los puntos más estratégicos de su curso surgieran castillos y fortalezas para defenderle y controlar tanto el paso a través del mismo como su tráfico fluvial.
Este es el caso de Miravet, castillo situado en la lengua de un meandro y frente a un estrecho o “congosto” que impide el paso por sus escarpadas orillas.

Consecuencia de lo anterior es que el castillo de Miravet haya sido utilizado como fortificación inexpugnable hasta la aparición de la artillería en todas las guerras que han tenido lugar en la zona desde la Reconquista hasta la Guerra Civil pasando por la Guerra de Sucesión y las Guerras Carlistas.
Como comentario previo y al mismo tiempo muy ilustrativo de las características del castillo de Miravet, diremos que ha sido comparado en muchas ocasiones con el Krak de los Caballeros en la actual Siria, fortaleza templaria que durante las cruzadas gozó fama de inexpugnable.
Actualmente se encuentra en fase de restauración.
Utilizando como pauta la guía para la visita que se entrega en la oficina y tienda existente a la entrada y traduciendo libremente del catalán, la descripción del Castillo de Miravet podría ser la siguiente:

Como todo castillo templario y el de Miravet no sólo lo es sino que además es casi idéntico al de Peñiscola, se compone de dos recintos, el inferior que se destinaba a servicios y el superior o castillo propiamente dicho.El acceso al castillo se hacia a través de una barbacana que al igual que en Peñiscola y en Monzón tiene el acceso en ángulo, lo que impide el ataque directo al castillo.
En el interior del recinto inferior se encuentra una gran sala de forma rectangular que fue utilizada como caballeriza y en cuyo piso superior pudo haber existido un granero.
En la cara norte existen cuatro torres de defensa por ser ésta la única que no esta protegida por el río o la montaña.
La barbacana se enfrenta al llegar a la altura del recinto inferior con una torre denominada del Tesoro obligando a girar a la izquierda a quien quiera penetrar en el castillo, siguiendo el muro que continua la citada torre del tesoro y al final del mismo se encuentra el acceso al recinto superior flanqueado a su izquierda por el cuerpo de guardia y a la derecha por una cisterna que abastecía de agua potable al castillo. Este acceso termina así mismo en ángulo para penetrar al patio de armas, espacio alrededor del cual se articula el recinto superior.

Entrando al patio de armas y a la derecha se encuentra una sala de plata rectangular cubierta con bóveda de cañón apuntada muy parecida a la gran sala de Peñiscola y que se destinaba a refectorio y a sala capitular, al final de la misma se encuentra la Torre del Tesoro que albergaba, además de éste, los aposentos del Maestre.
Al fondo y formando ángulo recto con el anterior se encuentra un cuerpo de dos plantas que alberga en su planta inferior la bodega con los restos de una prensa de moler aceite y las despensas de alimentos para el consumo del castillo. En la planta superior de este cuerpo y subiendo una escalera exterior desde el patio de armas se encuentra la capilla que dispone de una galería o pequeño claustro a la que se accedía por una escalera desmontable para facilitar la defensa en caso de asedio.
Este recinto, de forma casi rectangular tiene edificaciones en sus lados este y sur siendo la muralla norte un imponente muro de 25 m. de altura, el lado oeste está ocupado por edificaciones posteriores y es de menor altura.
Muro oeste de Miravent (foto del autor).
La capilla es de planta rectangular, de una sola nave y con un ábside de planta semicircular, prácticamente idéntica a la del castillo de Peñiscola, en su ángulo noroeste existe una escalera de caracol excavada en la muralla que permite acceder a la azotea del castillo desde donde se contempla un panorama del río Ebro y de las montañas circundantes verdaderamente impresionante.
Desde estas montañas y a través de torres vigía se establecía un sistema de comunicación mediante “telégrafo óptico” que permitía tener contacto con todos los enclaves templarios de la zona.
Dejando Cataluña nos adentramos en tierras de Aragón para dejar así mismo al río Ebro y acercarnos a uno de sus afluentes por su margen izquierda, el río Cinca y buscar el castillo templario que se encuentra en la ciudad de Monzón en la provincia de Huesca.

El castillo se encuentra situado en un cerro escarpado a cuyos pies se desarrolla la ciudad de Monzón formando una media luna rodeada por el río Cinca y por los contrafuertes del castillo , se puede decir por tanto que la ciudad, especialmente su casco antiguo, se abraza al castillo solicitando protección.
Al contrario que otros castillos templarios y por su situación privilegiada que domina la llanura altoaragonesa ya desde muy antiguo el lugar estuvo ocupado por una fortaleza que ya en el siglo X era disputada por los walies de Huesca y Lérida, por lo que en su construcción existen elementos tanto anteriores como muy posteriores a la época en que estuvo ocupado por la Orden del Temple.
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VIAJE A LA ARQUITECTURA TEMPLARIA
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Por D. Carlos García Martí |
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